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Una película y una nueva publicación traen de regreso a uno de los poetas más brillantes de su generación: William Carlos Williams. La muerte de Jeanne Moreau hace recordar a la escritora Joyce Carol Oates un proyecto cinematográfico en común. Un poema de amor persa que trasciende hasta el siglo XX.

Estas son las noticias que llamaron nuestra atención en la semana del 30 de julio al 6 de agosto.


El regreso de William Carlos Williams

Ha vuelto entre nosotros el gran poeta norteamericano gracias a dos momentos fortuitos: la aparición de sus Poesías reunidas (Lumen, 2017, con traducciones de Edgardo Dobry, Michael Tregebov y Juan Antonio Montiel) y la proyección en México de Paterson (2016), la película de Jim Jarmusch que narra la vida de un joven poeta. De madre puertorriqueña y padre inglés, Williams habló inglés y español desde la infancia y pronto francés. Tradujo, entre otros, a Quevedo y a Octavio Paz, quien a su vez publicó la traducción magistral de Veinte poemas en Versiones y diversiones. En Rutherford (Nueva Jersey), donde Williams vivió y murió, fue médico generalista. En sus ratos libres, escribió en el soporte efímero de las hojas sueltas de su recetario algunos de los poemas más influyentes del siglo XX. Paterson (1946-1958) es un poema largo dedicado a la ciudad de Rutherford en la que el poeta asume que “un hombre es una ciudad” y que “no hay ideas sino en las cosas”. Su idea de descubrir en el detalle ordinario una poesía depurada, sin ornamentos y que rehúye lo abstracto, se opuso al intelectualismo de T.S Eliot. Para Williams, el deber del poeta es escribir sobre lo particular “como un físico trata a un paciente, a las cosas que tiene en frente” y hallar así lo universal.

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Por eso, la obra maestra de Paterson reconstruye la vida de sus habitantes (como John Reed), de su río —el Passaic—, de los sucesos cotidianos o históricos, entreverando las voces y las imágenes del curso fluvial con el ritmo de un reportaje, una crónica en verso que intercala prosas como cartas o descripciones geológicas. Si una virtud tiene la lentísima Paterson de Jarmusch es haber intentado verter la épica sencilla del poema al lenguaje cinematográfico: Paterson, el protagonista, un chófer de autobús poeta, ensimismado y con gran sentido del humor, lleva una vida de lo más banal y monótona. No deja de escribir versos sobre su entorno concreto inmediato, sin idealizarlo ni moralizarlo, pero consiguiendo alumbrar sus días y llenarlos de sencillas epifanías.

Jeanne Moreau y Joyce Carol Oates

En otra semana más para seguir dilapidando el siglo XX hasta el olvido, fallecieron Sam Shepard y Jeanne Moreau. Además de la legendaria actriz que se dio a conocer en la película de Louis Malle Ascenseur pour l’échafaud (1958, con música de Miles Davis), Moreau fue directora, guionista y una lectora infatigable. Maravillada por Solstice (1985) de Joyce Carol Oates, acudió en 1996 a casa de la escritora, cerca de Princeton, para trabajar juntas en una adaptación de la novela. Solstice es la historia de un amor platónico entre dos mujeres absolutamente opuestas, una de ellas es una artista visionaria, tirana, fuerte y aplastante. Durante una semana, Moreau y Oates escriben y reescriben escenas, borran pasajes, empiezan de cero nuevamente. Pronto, la novelista decide abandonar el proyecto guiada por su agente literario y se libra de ese “calvario de perpetua reescritura como tarea de Sísifo”, según sus palabras. La dinámica de trabajo de Moreau y Oates parecía reproducir el antagonismo de las dos mujeres de la novela. Al enterarse de su muerte, Joyce Carol Oates escribió: “La belleza de Jeanne Moreau estaba impregnada de su entusiasmo, su energía, su inteligencia, eso que los franceses llaman con acierto la joie de vivre”.

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Historias de amor persa

A finales del siglo XII, el poeta persa Nezâmi (1141-1209) escribió los versos más trágicos de la tradición árabe en Layla y Majnûn, una leyenda del folclor pre-islámico que narra la pasión de Qays y su prima Layla, dos hijos del desierto. Para el escritor Mathias Enard es una de las historias de amor más bellas. Beduinos y nómadas del desierto la fueron transmitiendo durante siglos hasta llegar a su versión escrita persa. El poema, un pilar de la literatura persa, está compuesto de unos 4000 masnavis (dísticos con dos hemistiquios que riman entre ellos) y va narrando las desaventuras de Qays, al que separan para siempre de su prima porque semejante amor es una afrenta al honor familiar. Qays enloquece (“majnûn” es loco en árabe). Se convierte en el poeta errante que, a través de montes y desiertos, busca a su amada en los elementos, en la fauna, en las estrellas. Ella encarna el poder del amor que lo transfigura todo a su paso: Layla está en los cuatro vientos, es el mundo o lo que queda de él. Al enterarse de su muerte, Qays acude a su tumba para morir a su lado. Qays “el loco” inspira en el siglo XX el libro de Louis Aragon, Le fou d’Elsa (1963, traducido como Loco por Elsa), que es la historia del amor del poeta El-Medjnoûn por Elsa, en medio de la caída del régimen nazarí de Granada a finales del siglo XV.

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La primera traducción al francés de Layla y Majnûn acaba de aparecer en ediciones Fayard

 

Fuentes: Inventario de JEP, Bibliobs, ediciones Fayard, Le Monde.