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Un nuevo alfabeto subjetivo nos propone reflejarnos en el racismo imperante de nuestro país. En Portugal, cientos de murciélagos custodian una biblioteca real. La “bolañomanía” sigue creciendo y extendiéndose cada vez más al ámbito internacional.

Estas son las noticias que nos han hecho clic y que hemos seleccionado durante la semana del 23 al 30 de julio.


Nombrar el racismo en México

“Naco”, “Gringo”, “Intelectuales”, “Federico”, “Güero”, “Muchacha”, “Trump”, “Zapatismo”. Son algunas de las 47 entradas del Alfabeto del racismo mexicano (Malpaso, 2017) del historiador Federico Navarrete. Más que entradas de un diccionario clásico, son viñetas heterogéneas y mordaces que buscan abarcar el amplio dominio del racismo y señalar la reiteración, consciente o no, de sus prácticas variadas. Queda claro que hay algunos culpables:

el tono satírico de mis viñetas se lanza contra otra forma de “corrección”, a mi juicio mucho más dañina: la autocomplacencia con que las clases medias, los académicos, los intelectuales y quienes trabajan en los medios de comunicación niegan el racismo que practican, o lo justifican como una realidad inevitable, o poco trascendente, de la vida social mexicana.

Al libro lo rodea una polémica iniciada desde 2014 en el portal Horizontal en la que el autor atacaba, entre otros, a Roger Bartra y Octavio Paz; a este último por levantar supuestas “sospechas” en contra de los chicanos en El laberinto de la soledad.

racismo

Ahora, Navarrete propone una ampliación de aquellas primeras entradas, así como del libro México racista. Una denuncia (Grijalbo, 2016). Su propósito sigue siendo provocar, polemizar y traer a flote un temario transversal que involucra el habla común, las prácticas institucionales, el discurso político y publicitario, las representaciones y símbolos de toda clase social. A pesar de sustentarse en una variedad de referencias —en sociología, antropología, historia o literatura—, este Alfabeto subjetivo parece más una compilación de columnas de opinión indignadas que una verdadera herramienta rigurosa de definiciones, connotaciones y matices contrastados, como bien hubiera podido serlo. Sólo el tiempo nos dirá si esta obra entrará en la tradición en la que, muy a su pesar, quisiera inscribirse para revertir nuestros males: la búsqueda de “lo mexicano” de Samuel Ramos, Paz, Roger Bartra y Monsiváis, entre otros.

Murciélagos bibliófilos

La universidad de Coimbra, en Portugal, es una de las más antiguas de Europa. Fue fundada en 1290. En su campus está la Biblioteca Joanina, que construyó el rey Joao en el siglo XVIII y considerada como una de las cumbres del estilo rococó, patrimonio de la UNESCO desde 2013. Entre frescos, cornisas doradas, balaustradas y mobiliarios de maderas exóticas, la mirada avanza por trazos sinuosos hasta extraviarse: cientos de estantes imponentes reúnen unos 70 mil volúmenes con impresos del siglo XV o una primera edición de los Lusíadas.

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Interior de la biblioteca Joanina

Un curioso habitante resguarda esas páginas en la oscuridad. Son dos especies de murciélagos diminutos. Llevan siglos erradicando a las larvas y los insectos bibliófagos —en particular la carcoma (“nicomium castaneum”) y los “pececillos de plata”—  que cavan surcos en el papel, horadan los pergaminos antiguos y se nutren golosamente del pegamento. Al custodiar los libros, los quirópteros se alimentan. Sólo la noche en la Joanina permite su vuelo anónimo, su cacería en defensa del patrimonio. Ignoran acaso que esa tarea de salvaguarda contradice su mala fama literaria, su avidez de sangre y muerte, su disfraz siempre prestado a los demonios. Ahora bien, ya que estamos entre los libros y la noche, podríamos prestarle a la voz de alguno de estos murciélagos bibliófilos (vaya par de esdrújulas), ilustres sin querer, el primer cuarteto del “Poema de los dones” (con perdón de Borges). Habla, pues, el murciélago:

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

La bolañomanía

Es un fenómeno que no termina. Lo peor es que no deja de confirmar esa maldición social de la literatura: los herederos gozarán los réditos de la obra de autores que vieron pocos frutos en vida. Tras la adquisición de Alfaguara, y el consorcio Random House (esa mano que mece ya casi todas las cunas), de la obra del chileno, la Biblioteca Nacional de España acaba de comprar una parte de su epistolario. Se trata de 44 cartas y 18 postales dirigidas a su amigo poeta Bruno Montané. Se abordan temas variados desde proyectos literarios, comentarios sobre las editoriales hasta la soledad y la enfermedad. La BNE de Madrid abre así las puertas a toda una nueva ola de investigaciones sobre uno de los autores en lengua española más influyentes y vendidos de nuestro siglo que inició, entre otros, con su muerte en 2003.

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Fuentes: Alfabeto del racismo mexicano, Horizontal, News4europe, ABC Cultural, Biblioteca Nacional de España.