Sábados de danza es un espacio para revisar el trabajo de las compañías y coreógrafos más relevantes de las últimas décadas en México y el mundo. La finalidad es pensar en las posibilidades que este arte escénico suscita.

Hay pocas imágenes tan “contra-intuitivas” como la de un bailarín en silla de ruedas, o la de una coreógrafa que nunca ha podido dejar de lado las muletas. Esta serie dedicada a la danza inicia con Candoco, una compañía británica que combinó por primera vez en el escenario el movimiento de bailarines con y sin discapacidades.

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Toke Broni Strandby, foto de Pedro Machado. Fuente: www.candoco.co.uk

Fundada en 1991 por Celeste Dandeker y Adam Benjamin, Candoco trabaja comisionando y produciendo piezas de los coreógrafos más reconocidos del mundo. Su historia empezó con una pesadilla: un accidente que tuvo Dandeker mientras daba una función y que la dejó imposibilitada para caminar, de por vida. Benjamin la convenció de iniciar una serie de talleres de movimiento con características poco recurrentes en el mundo de la danza, integrados y no competitivos, en el Centro Aspire de Lesión de Médula Espinal (Aspire Centre for Spinal Injury) de Londres. Aunque empezaron el trabajo con pacientes, la idea de los dos creadores pronto cambió: de formar un espacio terapéutico a fundar una compañía de danza en toda forma. Y desde hace 25 años Candoco se ha consagrado como tal, llevándole a audiencias en todo el mundo la posibilidad de ver una forma inimaginable de danza.

Jerome Bel montó con ellos su conocida The show must go on, que efectivamente trata de ser una reflexión sobre qué es bailar y quién puede ser un bailarín. Pero Candoco también ha retomado el trabajo de coreógrafos como Trisha Brown, quien creó sus piezas para bailarines con todas las posibilidades de saltar y mover dos brazos. De la coreógrafa readaptaron el año pasado su obra más famosa, Set and Reset (1987), con la que Brown se volvió una exponente fundamental de la coreografía abstracta. La adaptación de unísonos de movimiento y de juegos con el peso de los bailarines —en los que unos se tienen que recargar en otros— encuentra una nueva dimensión en los cuerpos de Candoco.

Siobhan Davies, Emilyn Cloid, Adam Benjamin, Guilherme Bothelo of Compagnie Alias y Annabel Arden también han pasado por moldear escénicamente las sillas de ruedas, muñones y demás características de todo lo típico y atípico que hace a Candoco. 

Hace un par de años, el artista visual Hetain Patel creó una pieza para la compañía en la que le daba la oportunidad a ésta y a sus bailarines de hablar por sí mismos. Porque la discapacidad seguido pierde la voz … o se la arrebatamos. En ésta, los integrantes de Candoco revelan algunos detalles de sus (dis)capacidades sin historia u orden aparente. Mientras una de las bailarinas que tiene una sola pierna recorre el escenario, otro de ellos narra el movimiento que vemos: “muleta derecha, muleta izquierda, pierna derecha”; una habla humorosamente de no tener una mano, después cantan, más tarde hablan en lenguaje de señas. Es una de las imágenes más cercanas al idilio de la inclusión, y, al mismo tiempo, cualquier concepto de discapacidad sin duda se siente desatinado e injusto.

Pero, ¿cómo hablar de un proyecto así sin caer en estereotipos o condescendencias? Para Patel las personas con discapacidad son una minoría más y explica que en ese sentido se siente identificado con ellos dada su propia ascendencia india en un país como Inglaterra. Cree que las discusiones sobre cualquier grupo minoritario no deben ser binarias sino que han de ser pensadas en toda su complejidad. Y un binario histórico sin duda ha sido el que asocia a la danza con cuerpos saludables y enteros; y a cualquiera en una silla de ruedas con movimientos que se limitan a avanzar adelante y hacia atrás. Y lo cierto es que la discapacidad no está exenta de otros cientos de determinaciones forjadas por la raza, el género o la clase.

Más que probar las posibilidades de cada uno de los bailarines que conforman la compañía, la misión de los últimos directores artísticos fue la de pensar en otras formas que puede tomar la danza y poner en jaque las nociones de habilidad/capacidad con las que las audiencias nos paseamos todos los días sin darnos cuenta. En cuanto a los coreógrafos: “queremos presentar a coreógrafos que cuestionen su propia práctica y se comprometan a empujar los límites del arte y de cómo es presentado éste en el escenario”.

Estas intuiciones acerca de la diversidad y sus posibilidades creativas se mantienen con la reciente llegada a la dirección de Charlotte Darbyshire y Ben Wright, aunque todo indica que con ellos Candodo se concentrará, sobre todo, en profundizar su labor educativa. Como institución, la compañía desde un principio nació defendiendo las posibilidades de los “artistas discapacitados” en Gran Bretaña, encontrando formas de apoyarlos en el camino a sobresalir frente a sus pares con absoluta libertad. Quizás uno de los mejores ejemplos de sus logros sea la trayectoria de Annie Hanauer, a quien la revista Dance le dedicó un perfil recientemente. La bailarina, que nació sin la mitad de un brazo pero siempre quiso bailar, trabajó con Candoco hasta 2014, cuando decidió volverse independiente y “freelancear” con otras compañías. “Quería seguir creciendo y ver cómo me recibirían como intérprete en otros contextos”. Desde entonces ha colaborado en nuevos grupos, aunque cuenta que los retos paradigmáticos se mantienen inamovibles, pues se sigue enfrentando a coreógrafos que quieren cambiar las secuencias de movimiento antes de que ella las pueda probar.

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Annie Hanauer. Foto de Hugo Glendinning. www.movementresearch.org

Candoco ha dado funciones en más de sesenta países, incluido México en 2015, como parte de las actividades del Festival Cervantino. Con sus bailarines, juntos y por separado, da a los escenarios y a nuestras preconcepciones sobre el movimiento una lección de lo posible.

 

Ana Sofía Rodríguez
Editora.