Desde la intervención de Napoleón, la irrupción del mercado del arte y las marcas de lujo, hasta el daño al patrimonio. Esto es lo que hay que saber de uno de los eventos más importantes del mundo del arte: la Bienal de Venecia.

En la Bienal de Venecia se dan cita artistas y curadores, coleccionistas expertos y amateurs, galeristas y celebridades. La exposición, considerada uno de los encuentros del arte contemporáneo más importantes del mundo, tiene lugar cada dos años en la antigua capital europea del comercio con Asia —y la última en unirse al proyecto de nación italiana. Este verano celebra 57 ediciones, y como siempre, busca romper su propio récord de visitas (en 2015 la cifra registrada fue de 501,000 visitantes).

La finalidad de la muestra es exhibir lo más reconocido del arte de cada país y, para dar coherencia a esta tarea monumental, el comité de la bienal designa a un director artístico que supervisa a los curadores de cada pabellón nacional. Además, esta figura organiza una exposición colectiva articulada alrededor de un tema específico, o bien aborda los debates más importantes para el arte actual, despertando debates teóricos y polémicas como la de este año.

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Entrada a la exposición organizada por Christine Macel, “Viva Arte Viva”, 2017.

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Anuncio de la exhibición “Viva Arte Viva”, 2017.

La historia de la bienal se remonta a la creación de los giardini, los jardines encargados por Napoleón Bonaparte a principios del siglo XIX en su esfuerzo por rediseñar la ciudad que había conquistado en 1797. Bajo sus órdenes, se derrumbaron los barrios populares del sestiere di Castello, incluyendo una de las iglesias más antiguas de la ciudad, y se drenaron áreas pantanosas para convertirlas en jardines públicos —indispensables dentro de la visión de la urbe moderna que tenía el emperador.1 Casi 100 años después, en 1893, el alcalde de Venecia, Riccardo Selvatico escogió estos mismos jardines para organizar una exhibición de arte con el fin de celebrar las bodas de plata de los reyes Umberto y Margarita de Saboya. La muestra sería una forma de conmemorar la fecha, pero sobre todo una manera de revivir el panorama artístico de la ciudad con una perspectiva internacional.

El proyecto se inauguró dos años después, en abril de 1895, y fueron invitados artistas italianos y extranjeros que representaban a 16 países. Esta primera exhibición internacional de arte de la Ciudad de Venecia (que después adoptaría el nombre de Bienal de Venecia) fue todo un éxito y recibió a más de 200,000 visitantes. A partir de la segunda edición se instauraron una serie de premios y reconocimientos que la volvieron muy atractiva para los artistas y críticos de arte, quienes ayudaron a cimentar su reputación. Con la representación de Francia en la 4ta edición, la bienal empezó a internacionalizarse y en 1907 se sumaron países como Bélgica, Alemania, Inglaterra, Hungría y Suecia, quienes construyeron sus propios espacios de exposición dentro del giardini.

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Portada del catálogo de 1928, Esposizione internazionale d’arte della citta di Venezia, Officina grafica C. Ferrari. Los giardini representados como una isla, donde se alcanzan a distinguir los pabellones nacionales.

Hoy los jardines albergan el Pabellón Central y 29 pabellones de países extranjeros, con diseños y propuestas arquitectónicas tan variadas como las de Alvar Aalto, Carlo Scarpa, Gerrit Rietveld y Philip Cox.2 El modelo de la Bienal de Venecia ha sido adoptado en distintas ciudades del mundo, entre las que sobresalen la Bienal de Sao Paulo con 32 ediciones, seguida de la Bienal de Sharjah con 13, y dOCUMENTA —otra importante exposición que se organiza cada 5 años desde 1955, en la ciudad de Kassel, Alemania.

La mayoría de los visitantes describen su peregrinaje a la meca del arte contemporáneo como un laberinto o un rally de proporciones descomunales, pues además de la muestra central y los pabellones nacionales del giardini, existen cientos de exposiciones y eventos colaterales, desperdigados en iglesias, exconventos y palacios renacentistas. Cada persona vive una experiencia fragmentada, pues no hay forma de verlo todo. La experiencia de la Bienal de Venecia está llena de momentos únicos que se adhieren a la memoria y contribuyen a construir una vivencia particular, por lo que las reseñas de los medios regularmente tienen una visión subjetiva del evento.

Sin embargo, una constante en las críticas de las ultimas bienales ha sido la fuerte presencia de marcas y patrocinadores que, junto con las galerías, han vuelto a Venecia una extensión más del mercado del arte, en donde las obras pueden ser representaciones nacionales y al mismo tiempo publicidad de marcas de lujo. Esta tendencia resulta controversial sobre todo cuando se trata de los principales pabellones de la bienal, pero se vuelve comprensible cuando se analiza el esfuerzo heroico que deben hacer países más pequeños para realizar sus proyectos sin la infraestructura de las potencias mundiales, incluyendo un espacio permanente de exhibición, fondos asegurados, apoyo del gobierno y muchas otras facilidades que tienen naciones como Estados Unidos, Alemania y Francia, entre muchos otros, y que a menudo se toman por sentado. Es el caso de México, que participa desde 2007 y aun no ha logrado establecer un concurso de la formalidad y la antelación mínima que se esperaría para un proyecto de esta talla.3 Su pabellón y los de otras naciones que no alcanzaron un lugar estelar en los giardini se encuentran en diferentes espacios por toda la isla, lo que casi siempre resulta en una menor audiencia.

Otro factor polémico está relacionado a la industria del turismo y los estragos que ésta ha dejado en la ciudad. Venecia se ha vuelto una especie de parque de atracciones del arte, al que arriban cruceros todo el tiempo, cargados de turistas que hacen la parada obligada en la metrópoli cultural no sólo para ver arte contemporáneo sino para visitar las iglesias y museos que aparecen recomendadas en todas las guías. Enfrentados a rentas exorbitantes y precarias condiciones laborales, los locales se han visto desplazados de la ciudad, pero a pesar de sus protestas sobre las consecuencias ambientales y las amenazas que representa el flujo de visitantes para la conservación, cada año llegan más turistas.4

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Un crucero navega junto a la Plaza de San Marcos en Venecia. Cortesía de No Big Ships Committee

A 122 años de su fundación, la bienal difícilmente puede describirse como la encargada de dar a conocer lo más nuevo y propositivo de la producción artística. En un mundo globalizado donde los artistas pueden viajar con mayor facilidad, o ver imágenes y videos para conocer los proyectos que se realizan en cualquier parte, la bienal ha perdido su relevancia como escaparate internacional. Lejos de ser un instrumento bien calibrado para tomar el pulso del arte contemporáneo, hoy Venecia es en gran medida un desfile para ver y ser vistos. Aunado a esto, la institución corre el peligro de volverse un evento cada vez más intrascendente si, como este año, la exhibición central ofrece una postura enfocada en el placer estético, la reflexión poética indiferente y de una neutralidad casi peligrosa ante el escenario político actual. La directora artística de la presente edición, la curadora francesa Christine Macel, presenta “Viva Arte Viva”, una muestra “diseñada con los artistas, por los artistas y para los artistas”, que celebra “el arte por el arte”,5 y en donde las cuestiones más urgentes en el mundo, y que hay que discutir, se encuentran silenciadas.

Este último ejemplo demuestra un episodio más del papel inestable de la bienal, que ha sido cuestionado una y otra vez a lo largo de la historia. Desatinos han habido varios, como la exhibición de “arte primitivo” de 1922 que presentaba despectivamente escultura africana, o la ausencia de obras impresionistas hasta 1920, y de Picasso hasta 1948. Sin embargo, si algo tiene a su favor el evento, es la credibilidad que le da más de un siglo de tradición. La bienal ha estado enmarcada por cambios socio-políticos y rupturas históricas; ha visto pasar guerras mundiales, la caída de regímenes coloniales, movimientos estudiantiles, crisis económicas y el desarrollo de la tecnología y los medios de comunicación. A pesar de las críticas y controversias, la bienal de Venecia sigue teniendo el potencial para articular el desasosiego y la incertidumbre del presente que compartimos, y empezar a entender cómo se relaciona el arte con el futuro al que aspiramos… bastaría deshacernos de la idea del arte por el arte para dar ese primer paso y recuperar un espacio de reflexión tan necesario.

 

María Emilia Fernández
Historiadora del arte.


1 Martini, Vittoria. “A brief history of I Giardini: Or a brief history of the Venice Biennale seen from the Giardini”, Art&Education.

2National Pavillions”. La Biennale di Venezia.

3 María Minera escribe sobre el caso específico del pabellón de México en estos dos artículos de Revista Código: http://bit.ly/2v4HCKr o: http://bit.ly/2u1cqP2

4 Entrevista con Marco Baravalle por Amy Goodman, “Art and Protest at Venice Biennale Highlights Labor Conditions, Climate Change and Austerity”, Truthout, 10 de agosto, 2015.

5 Macel, Chirstine. “57th Exhibition: Viva Arte Viva”, La Biennale di Venezia.