Ángeles protectores. Tiene razón Gabriel García Márquez cuando dijo que mi esencia está en las mujeres. Ellas han sido como una especie de ángeles protectores. Con el fallecimiento de Bertha descubrí, mejor dicho, redescubrí la extraordinaria bondad de las mujeres. Las que mejor han escrito de mi trabajo como artista plástico han sido mujeres; desde mi juventud fueron mujeres las que se ocuparon de mi obra como es el caso de Marta Traba, la crítica de arte argentina que murió en un accidente aéreo. Cuando estoy en Nueva York, una mujer es la que se encarga de hablar de mis lienzos en el New York Times. Puedo decir que todas las épocas de mi vida han estado marcadas por una mujer, no solamente en lo que se refiere al aspecto sexual sino también en las relaciones fraternas.

Bestiario. “Animales impuros” es el título de mi bestiario que surgió a partir de la lectura que hice de un poema de José Miguel Ullán, un autor madrileño. Es una selección de animales fantásticos que algunas veces tienen formas humanas y otras ocasiones se muestran híbridos. Con excepción del caballo, se trata de animales no identificados que, claro está, traen consigo elementos eróticos.

Carmen, Beatriz del. Mi rencuentro con el amor y la pasión. Es mi cómplice en todo.

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Fotografía: cortesía Milenio.

David Alfaro Siqueiros. No aspiro a ser elitista ni a que mi obra sea entendida por unos cuantos iniciados, quisiera que mi obra fuera entendida por todos. Eso es muy difícil, jamás lo lograron los tres muralistas que hacían arte para el pueblo: Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. El pueblo no entendía nada de lo que hacían. Los murales de Rivera nunca los entendía nadie, sólo los críticos de arte. No he querido eso para mi obra.

Erotismo. Desde mi adolescencia ha formado parte de mi vida. En este momento me viene a la mente la obra de André Pieyre de Mandiargues, narrador que aborda el erotismo de una manera muy especial. El margen es un libro espléndido. A don André lo conocí en París, él escribió un libro sobre mí que es un largo poema titulado Cuevas blues, editado en París por Fatamorgana, y está ilustrado con las cartas que yo le escribí a Pieyre de Mandiargues cuando estuve una temporada viviendo en Francia.

Fotografías. Empecé a tomarme una fotografía diariamente desde 1955 hasta el 2000. Suspendí las fotos cuando murió Bertha, la madre de mis hijas. Siempre pensé que yo me iba a morir antes que ella, pero fue a la inversa. Ahora ya no llevo esa rutina de la foto diaria, sólo cuando se presenta la ocasión.

Giganta. Cuando en el Museo José Luis Cuevas se inició el trabajo de restauración, se levantó el piso del patio y comenzaron a salir cientos de ratas por todos lados. Una mañana llegué y no llevaba mis lentes (no veo de lejos); de pronto noté que había una pirámide oscura en el centro del patio y pregunté qué era eso. Me explicaron entonces que era un gran cerro formado con un número increíble de ratas que los trabajadores habían matado. Entonces dije: aquí, en este sitio, voy a erigir una escultura que sea de gran tamaño. Fue así como surgió la idea de La Giganta.

Horrible. Algo que ha persistido en toda mi obra es la idea de reflejar el lado terrible de la condición humana. En el arte a mí no me interesaba retratar los aspectos felices ni lo bella que es la vida sino realizar una exaltación de lo horrible, la vida en sus estratos más espantosos.

Imaginación. Me acompaña una gran imaginación, desde niño pienso que tengo tal o cual enfermedad y no es cierto. Soy hipocondriaco. Sin embargo, esa imaginación ha sido mi salvación en el arte.       

Juguetes. Dormí en mi cuna hasta los cuatro años, porque no teníamos dinero para comprar camas, y yo podía seguir usando la cuna que había pertenecido a mi padre. La cuna era grande, tenía barandales, por lo que contaba con espacio suficiente para poder seguir durmiendo allí. Un día se me ocurrió adornar mi cuna y coloqué títeres y muñecos de barro; a todos ellos los colgué de los barrotes. Eran juguetes populares, de barro, vestidos con papel de china de todos colores y representaban diferentes personas del pueblo: había curas, policías, calaveras, barrenderos. Así pasé los primeros años de mi vida, rodeado de aquellos muñecos. Me viene el recuerdo de mis primeros juguetes, de los muñecos de barro y títeres en los barrotes de mi cuna, en realidad ésa fue mi primera lección de anatomía humana. Eso lo cuento en mi primer libro autobiográfico Cuevas por Cuevas.

Karenina, Ana. Vivo en una etapa en donde ya no me importa leer la última novedad editorial, el título más reciente de tal autor, no trato de estar al día en esas cosas sino dedicarme a releer. Siempre vuelvo de alguna manera a los autores rusos que leí durante mi adolescencia y a novelas como Madame Bovary de Flaubert; Ana Karenina, de Tolstoi; El amante de Lady Chaterley, de D. H. Lawrence. Estos tres títulos son de mis libros preferidos, curiosamente los tres tratan de mujeres que engañan, por diferentes razones, pero son adúlteras a fin de cuentas.

Longevo. Quiero seguir renovando la sala erótica del Museo José Luis Cuevas y seguir ejerciendo el erotismo. Según me han dicho en lecturas del tarot, voy a vivir más allá de los cien años. Yo quiero ser longevo, siempre y cuando conserve intactas mis capacidades.

Memorioso.  He sido un gran memorioso, pero aun así se me empiezan a olvidar las cosas y, como lo relataba en mi Cuevario, no me gusta tener que omitir detalles. Todas las etapas de mi vida las recuerdo con profunda nostalgia, quizá por el hecho de ser un memorioso o de contar con una de las memorias más privilegiadas de este país, estoy fijado a muchas etapas de mi vida: a la infancia, adolescencia y los primeros encuentros amorosos; los tengo tan presentes como si se tratara de una cita de hace un mes.

Nana. Mi nana se llamaba Lupe. Cuando vivía en el barrio de San Miguel, en el Callejón del Triunfo, en el Centro, estaba yo al cuidado de ella. Lupe me contaba historias de aparecidos, de fantasmas; entonces yo me tiraba en las baldosas de la cocina y mientras Lupe preparaba la comida, yo hacía mis primeros dibujos con un pedazo de carbón. Esos fueron mis primeros trazos: tan sólo tenía cuatro años. Recuerdo que pintaba durante horas, me entretenía mucho con el carbón en la mano, pero luego Lupe tomaba el trapeador y borraba mis dibujos.

Octavio Paz. Me dedicó un poema Paz, era mi amigo. Yo lo apreciaba muchísimo: “Desde el fondo del tiempo, desde el fondo del niño, cada día, José Luis dibuja nuestra herida”.

Proyecto. Estoy escribiendo una novela. No sé cuándo se termina de escribir una novela porque no había hecho ninguna antes: la tengo en proceso, es una historia que no tiene nada que ver con la realidad de José Luis Cuevas. En Gato macho, libro autobiográfico, me ocurrió que lo calificaban como libro de ficción, cuando era todo lo contrario. En esta novela no incluyo pasajes que tengan que ver con mujeres y, tal vez por eso, habrá quien sí la vea como no ficción.

Quijote. Disfruto mucho releer pasajes de El Quijote.

Raskolnikov. Durante mi adolescencia me sentí muy identificado con Raskolnikov, de Crimen y castigo; también pienso que hay algo de mí en Julien Sorel de Rojo y negro.

Sueños. Tengo una libreta cerca de mi cama para anotar mis sueños: es que uno suele olvidarlos con gran rapidez. Hay sueños que me impresionan tanto que todo el día me afectan; en cambio, existen otros que se pierden o no queda ningún registro de ellos. Acostumbro anotar en la libreta lo que sueño, por lo menos así queda registrado el argumento que luego contaré con mayor detenimiento.

Testimonio. Tengo una obsesión por dejar testimonio de todo lo vivido, por eso cuento con un archivero antiguo al fondo de mi estudio en donde llevo una especie de diario de todo lo que vivo día con día. Ahí describo encuentros azarosos, amorosos, citas, todo queda registrado. Creo que tengo un espíritu de notario que me impulsa a llevar un puntual recuentro de las actividades que realizo.

Ulises criollo, de José Vasconcelos. Está lleno de episodios y de encuentros amorosos, es una obra que aprecio porque estimuló mucho mi imaginación. En cierta forma, yo también me convertí en relator de pasajes eróticos cuando vertí mis experiencias en el libro Gato Macho.

Viajes. Llevo un diario de viajes y de cosas importantes que me suceden. Siempre me ha gustado viajar y conocer diferentes lugares. Cuando viajo me siento renovado, más creativo.

Walter Raleigh. Fui un gran publicista. Alguna vez se me ocurrió decirles a los fabricantes de cigarros Raleigh que sacáramos los cigarros Cuevas. Todos estaban de acuerdo, menos un señor que aseguró que mi nombre no garantizaba que se venderían. Esa ocasión le dije: “¿Sabes quién fue Walter Raleigh?”. Me contestó que no. “Pues mucha gente tampoco y aun así se venden los cigarros, por su calidad”, le espeté. Desgraciadamente ese hombre nunca entendió mi idea.

Zapata. Ya han ido desapareciendo el tipo de esculturas urbanas que conmemoran la hazaña de héroes patrios como Zapata, Villa, Benito Juárez. Poco a poco ha ido ganando terreno la escultura abstracta que divide opiniones: hay quienes no la aceptan y otros la convierten como parte de su entorno.

 

Las respuestas son tomadas de entrevistas que fueron realizadas por nuestra colaboradora.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Periodista cultural, ensayista y editora freelance.