David Hockney es uno de los artistas británicos más conocidos de las últimas décadas. Una retrospectiva que empieza a viajar por el mundo celebra su obra multifacética y su relación con distintos contextos: a veces el campo británico conservador, a veces la libertad californiana.

David Hockney (Bradford, 1937) se despierta y pinta desde su cama lo que ve enmarcado en su ventana sin siquiera prender la luz. Esta escena matutina aparece en la última sala de la exposición David Hockney, que se presentó en el Tate Britain en Londres de febrero a mayo; estará en el Pompidou de junio a octubre para después viajar a Nueva York al Met de noviembre a febrero de 2018. Vemos varias pantallas y en ellas los dibujos que va realizando el artista en su iPad. Acumula trazos, cambia de color, da sombras y definición. La pintura, el acto de creación, y su distribución, se empalman. Después de ver una docena de salas en esta enorme retrospectiva sus marcas nos son familiares. Al final, el hombre pronto a cumplir 80 años parece muy dispuesto a seguir creando. Un cierre así proclama ánimo suficiente para más mañanas. 

La exposición revisa 60 años de trabajo del artista . Hockney es uno de los artistas británicos más populares y conocidos y lo que se muestra en la retrospectiva abarca, desde los trabajos que hizo como estudiante en Londres (1960-62), sus icónicas albercas en Los Ángeles, algunos experimentos con fotografía (1980), hasta los paisajes de gran formato. El recorrido de su obra es principalmente cronológico. Observamos la influencia del arte pop, el grafiti y el cubismo en sus primeros trabajos. En las pinturas hechas en California (1964-68) el estilo es más osado y confiado: una nueva paleta de colores brillantes y una representación más naturalista y personal. En vez de letreros alusivos de “69” o “ring me anytime at home” de los cuadros que expuso a principios de los sesenta en la famosa exhibición en “Young Contemporaries”,1 los cuerpos de hombres desnudos celebran el deseo más abiertamente.

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Peter Getting Out of Nick’s Pool, David Hockney, 1967 National Museums Liverpool

 

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El agua de la alberca ondula y los bañistas que recuerdan algún verso de Whitman toman el sol. La transparencia del agua y de las ventanas señala la preocupación continua de Hockney por la percepción y su representación. En los retratos dobles en acrílico busca capturar las sutilezas y la complejidad de una relación íntima, a partir de un estudio detenido de dos personas en un ambiente cerrado. El de sus papás es particularmente memorable: la mamá se sienta de frente y luce empeñada en quedarse quieta y posar con gracia mientras el papá juega nervioso con el periódico sin dar realmente la cara,2 Hockney los pinta con una atención generosa y algo de sentido del humor.

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My Parents, David Hockney, 1977 Tate

Además de estas observaciones detenidas, en la sala que está dedicada a los dibujos resalta la técnica y la economía de trazo de Hockney. Muchos de estos dibujos en pluma y lápices de colores los hizo fuera de su estudio mientras estaba de viaje. Otros son parte de la investigación práctica que llevó a cabo sobre el uso de espejos y lentes a lo largo de la historia del arte. Apoyado por el físico Charles M. Falco, en su libro Secret Knowledge: Rediscovering the Lost Techniques of the Old Masters (2001), Hockney trata de explicar la manera en que estos instrumentos facilitaron el realismo y el claroscuro ya desde 1420. Para 2001 Hockney llevaba 40 años mejorando su técnica y le inquietaba entender qué se hizo para que esas pinturas fueran tan perfectas. Los experimentos y los comentarios sobre las pinturas que estudia vibran de curiosidad y pasión por el tema. El libro se construye a partir de las imágenes que miramos con él, quizás en momentos afortunados.

Para Hockney la perspectiva única de la cámara reduce demasiado la realidad: “la fotografía no está mal si no te molesta ver el mundo desde la perspectiva de un cíclope paralizado —por una fracción de segundo”.3 Los collages con Polaroids y en 35mm buscan recrear la manera en que nuestros ojos toman en cuenta muchos puntos de vista a partir de una serie de fragmentos. En estos cuadros resurge el interés del artista por el cubismo. La cuadrícula que hacen las Polaroids tiene un aspecto más geométrico que el traslape insistente de las fotos sin marco. En ambos trata de registrar el devenir de un momento: una familia juega Scrabble y en el desglose de las expresiones casi podemos ver a cada uno deliberar su turno. Estos experimentos anuncian los cuadros de múltiples lienzos que Hockney haría más adelante.

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The Scrabble Game, 1983

Aunque en la muestra no están las escenografías que también diseñó, su interés por el espacio —esa cosa rarísima que experimentamos entre el final de nuestro cuerpo y el principio de otro—, se manifiesta en sus pinturas de paisajes e interiores. Son pinturas joviales que combinan la ilusión de profundidad con una conciencia clara de ser planas. La vastedad del Gran Cañón o el movimiento de las colinas inglesas contrasta con la intimidad y el recogimiento de las pinturas de espacios en su jardín y en su casa. Los colores alegres y las líneas gruesas hacen bailar al sentido de la vista de tal modo que las pinturas se sienten como experiencias de lugares y espacios.

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Going Up Garrowby Hill, David Hockney, 2000, fuente: Art stack

Así como los collages ofrecen una perspectiva multifacética, la exposición permite conocer varios lados de Hockney. Es una revisión extensa a su obra que no la reduce a un par de actos memorables. Un cuadro monumental que ocupaba toda una sala fue expuesto en Landscapes of the mind en 2015 en el MUNAL. El cuadro, de 12×5 m, se llama Bigger Trees Near Warter. Es la obra de Hockney de mayor formato hasta el momento y se compone de 50 grandes lienzos ensamblados para generar el efecto de una sola imagen. Pinturas similares reducían la distancia entre el momento en el que uno se paraba frente a los árboles enormes y gloriosos, y los cuadros que ahora están montados en la pared. La variedad de la obra de Hockney, en esta retrospectiva, permite entenderlo más allá del poder de ese cuadro gigante.

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Bigger Trees Near Warter, David Hockner, 2007, fuente: www.tate.org.uk

Después de muchos años de vivir en California, el artista volvió a experimentar las estaciones en Yorkshire cuando, a mediados de los 90, regresó con más frecuencia para cuidar a su mamá. Una serie elaborada en 2013 que celebra la llegada de la primavera es una de las más entrañables de toda la exposición. Cada lienzo tiene el tamaño de los que utiliza para ensamblar los de gran formato. La secuencia de 25 cuadros registra en carboncillo la naturaleza despertando en un camino. A través de trazos detallados y sueltos, Hockney comparte la emoción ante la belleza de los retoños con cualquiera que haya vivido o imaginado un largo invierno. La ausencia de color enaltece el grado de atención con el que fueron ejecutados.

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The Arrival of Spring, 2013

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Podemos analizar la obra de Hockney desde la técnica y la experimentación con distintos medios. Nos podríamos concentrar en la evolución de su estilo, desde la abstracción de We Two Boys Together Clinging hasta la fotografía de la videoinstalación de las cuatro estaciones. Una lectura que enfatizara etapas de vida destacaría la represión sexual que vivió al principio, las posibilidades más libres del deseo en California, la convivencia y actividad social subsecuente y, conforme pasan los años, una disminución de la libido y un recogimiento en la naturaleza y las estaciones.4 La misma biografía se podría revisar a la luz de la homosexualidad y su despenalización en el Reino Unido.5

El éxito rotundo de la retrospectiva y la venta total de los boletos para verla invitan a pensar en lo que implica una exposición taquillera y la mercadotecnia involucrada. Desde antes de que se abriera, “David Hockney” ya había vendido 35,000 boletos. En las últimas semanas los boletos se agotaron. La única posibilidad de entrar sin boleto era con la membresía del Tate. La gente se formaba para adquirir la membresía anual con tal de verla. No siempre vamos al museo a sentir a una persona querer existir con tantas ganas. Sesenta años de la obra de Hockney dejan la sensación de que la vida es una verdadera maravilla.

 

Paulina Morales
Estudiante de maestría en museología en la Universidad de Leicester.


1 Las fechas están tomadas de la cronología de su página web oficial. Expuso cuatro pinturas tituladas “Demonstration of Versatility” en la exposición de Young Contemporaries.

2 La audioguía que acompaña la exposición se compone de comentarios del curador y fragmentos de entrevistas a David Hockney. La observación sobre sus papás corresponde a uno de estos comentarios del artista.

3 La traducción es mía: “Photography is all right if you don’t mind looking at the world from the point of view of a paralyzed cyclops – for a split second.” Weschler, Lawrence. True to Life. Twenty-five years of conversation with David Hockney. Berkeley, University of California Press, 2008, p. 6.

4 Agradezco a Claudia di Tosto por hacerme notar este aspecto.

5 En abril y mayo, la retrospectiva de Hockney coincidió con la exposición Queer British Art 1861-1967organizada por el Tate Britain para conmemorar el 50 aniversario de despenalización de la homosexualidad masculina en Inglaterra. Francis Bacon y Hockney corresponden a los últimos exponentes en esta muestra que explora las relaciones entre el arte e identidades LGBTQ durante ese periodo.

En 2013, la Walker Art Gallery en Liverpool curó una exposición expresamente dedicada a explorar la sexualidad del artista. Sin embargo, en esta retrospectiva este tema no es un eje nodal.