Un libro fundamental en la discusión del feminismo actual que resalta su fuerza hegemónica en Occidente y el problema de su absorción simplista y denigrante de las complejidades del islam.

feminismo

Sirin Adlbi Sibai,
La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial
Akal
México, 2016
315 p.


No hay concepto que no se encuentre enredado
en un juego sin término fijo en torno de la significación,
horadado por fragmentos y mareas de otras ideas.
De este juego o movimiento de los significantes
salen ciertos significados a los que las ideologías sociales elevan
a una situación privilegiada, o que se convierten en centros
en torno de los cuales otros significados están obligados a girar.
—Terry Eagleton

Hace diez años un profesor de posgrado le preguntó a Sirin Adlbi Sibai (Granada, 1982) por qué una “mujer musulmana con hiyab” hacía una tesis doctoral. Y en esa sola pregunta la autora reconoció una grieta profunda: “racismo cultural y epistemológico”, machismo, islamofobia. ¿Qué contexto y condiciones posibilitan que un profesor formule esta pregunta a una estudiante? El hiyab es una punta de iceberg: “una mujer musulmana con hiyab” representa a ojos de Occidente la disputa con el islam, atravesada por una mirada paternalista que busca “liberar” a las mujeres musulmanas; el choque entre un desarrollo epistemológico y político que se asume como superior, moderno y progresista, y otro que representaría el rezago, la barbarie y lo inferior. Tras “mujer musulmana con hiyab” se esconde el miedo por el otro islamizado, a quien se ha relacionado —indisolublemente— con el terrorismo.

Este miedo suele conjurarse invocando al feminismo y utilizándolo para continuar la conversión de una cultura, una espiritualidad y sus profesantes en un objeto por debajo de lo moderno, y diríase, de lo humano. Parada en este engrudo maniqueo al que define como cárcel epistemológico-existencial, Adlbi Sibai responde con La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial. Y recurre a epistemologías periféricas a las hegemónicas occidentales o que disputan con ellas el derecho a un lugar de enunciación propio, no inferior. El “subalterno” de Spivak ha hablado.

Su libro desmenuza cómo el feminismo ha servido como dispositivo colonizador civilizatorio —tanto para mujeres y varones de buena parte del Occidente— sobre las mujeres musulmanas, como resultado de tratar al islam y todo lo relacionado con él desde un punto de visita colonial.

Profusa en términos aglutinantes, la autora usa la deconstrucción, esa herramienta de lectura que Derrida nos legara para quebrantar las estructuras binomiales, y va minando antinomias y maniqueísmos a fuerza de expandir y cuestionar los significantes: tradición/modernidad, civilización/barbarie, progresistas/islamistas… Asimismo, traza paralelismos entre los estudios poscoloniales y decoloniales de América Latina y sus investigaciones sobre feminismo, islam e islamofobia y decolonización. Aparte de Ramón Grosfoguel, Boaventura de Sousa Santos y Enrique Dussel, autores a los que Adlbi Sibai se remitirá constantemente, en esta misma búsqueda tiene otro antecedente latinoamericano (al que ella no se refiere, pero que no dejo de tener presente), los Feminismos desde Abya Yala, la publicación clave de Francesca Gargallo en la que se pregunta “sobre la existencia de pensamientos feministas de cuño no occidental, es decir, que no estén concebidos desde ‘fundamentos’ o ‘bases’ de la Modernidad”.1

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1492 es el año que Enrique Dussel señala como el inicio del esfuerzo por convertir a Europa (a Occidente) en centro del mundo, y no la Revolución Industrial ni la Antigüedad grecolatina, aunque Occidente no lo reconozca. Dice Sirin: “La segunda cuestión que Dussel resalta es que sólo a partir de 1492 Europa situó a las otras culturas como su periferia y surgió así el etnocentrismo”.

Adlbi Sibai y Dussel se refieren al año en que se descubre América y el proceso de colonización de las poblaciones nativas del continente da por iniciado. Pero 1492 también es el año en que el último reino musulmán de lo que hoy es España cayó en manos cristianas. Ese acontecimiento histórico, político y cultural denominado Las Capitulaciones de Granada es una pieza clave para comprender cómo las relaciones entre lo cristiano/occidental y lo arabo-musulmán se estremecieron por completo a partir de aquel año y comenzó a configurarse una relación de radical extranjería entre los musulmanes (judíos y gitanos) y el resto de Europa, mucho antes de que Francia cruzara el cuerno de África en ese otro proceso colonizador. En el siglo xv Occidente se constituyó como cristiano, europeo y blanco, y libró una guerra dentro y fuera de sus territorios para consolidarse, expulsando moros, gitanos y judíos allá, y diezmando poblaciones nativas enteras acá. Siglos después, Occidente, se reencontró con el Oriente de mayoría musulmana (si bien el Magreb no es Oriente, pero sí musulmán) y, como si nunca se hubieran visto las caras, se maravilló con “su exotismo”, especialmente el de sus mujeres. La mujer musulmana del harén, y en particular la “odalisca de Matisse”, se convirtió en el estereotipo de mujer musulmana por excelencia: exótica, pasiva, sometida, infantilizada.

Despojado de sus complejidades, de su intenso intercambio cultural, de sus ocupaciones y de su presencia política en Europa, el islam fue convirtiéndose en un objeto de exotización primero y de colonización después: ambas estrategias han servido para hacer de él un objeto inferior y deleznable, como afirma Sirin Adlbi

El Islam, antaño grandioso motor propulsor de vida y de una civilización sin precedentes —precursora ésta en todos los ámbitos (científicos, culturales, económicos, políticos)—, es hoy reducido, debido a todos estos factores complejamente enredados, a una parodia, a una de esas imágenes infantilizadas y deformadas que dibujó el orientalista europeo en alguno de sus cuadros…

Sirin Adlbi Sibai identifica el estereotipo de mujer musulmana actual, en específico “la mujer musulmana con hiyab”, como una mujer sometida, sin autonomía, sin ambiciones y carente de poder personal; mientras que el varón musulmán es terrorista, fanático, abusador y heterosexual. Las dos fuerzas culturales y espirituales enfrentadas en el siglo xv dejarían de verse como pares en conflicto, y todo lo relacionado con el islam se entenderá en el binomio modernidad/tradición o en el manido y francamente en desuso civilización/barbarie. Esto coloca, siguiendo a Adlbi Sibai, al islam y sus profesantes en un estado de doble minorización: primero por la reducción de todos los musulmanes a un estereotipo específico que los dibuja en esencia antitéticos a todos los valores de la modernidad, y luego específicamente sobre las mujeres, a quienes se lee desde un sitio de proteccionismo paternalista/feminista muy particular.

El Islam, como religión, cultura, civilización y poblaciones, fue convertido en un bloque homogéneo, sinónimo del sistema patriarcal y del estatismo y los valores antidemocráticos, y el hiyab, fue convertido en símbolo universal indiscutible de la sujeción islámica de la mujer al hombre musulmán (que también aparece automáticamente como el verdugo barbado fundamentalista y opresor universal de las mujeres).

Pero ya no es 1492, y ahora el Occidente de la Cristiandad es laico y democrático, lo que también juega en la configuración de la cárcel de prejuicios en la que viven el islam y las mujeres musulmanas. Tal como recoge la autora en sus entrevistas a miembros de organizaciones laicas y occidentales que trabajan en Marruecos: los derechos humanos y la liberación de las mujeres se han convertido en una categoría colonial civilizatoria. Es decir: “las mujeres están sometidas al islamismo= bárbaros”. Algo a lo que la investigadora sobre feminismo e islam Brigitte Vasallo llama purplewashing: “Es el proceso de instrumentalización de las luchas feministas con la finalidad de legitimar políticas de exclusión contra poblaciones minorizadas…”.2 Dicho de otro modo: el feminismo que se impone como opción a las mujeres musulmanas, y en particular las arabo-musulmanas, en esencia las excluye; para “liberarlas” las niega como seres singulares, con una espiritualidad y una herencia epistemológica específicas que les son negadas.

En el proyecto feminista occidental de “liberación de las mujeres arabo-musulmanas”, el feminismo ha sido utilizado, como propone Adlbi Sibai, atacando identitaria y epistemológicamente a las personas que busca “liberar”, además de racializar y discriminar a población musulmana en general. Este proyecto da por sentado que las mujeres musulmanas pueden avenirse a él al tiempo que configura una subcategoría esencialista llamada “patriarcado árabe” (como por fuera del patriarcado en sí, del que Occidente padece también) y las excluye relacionándolas como todo aquello execrable para los valores de Occidente. La particularidad de “la mujer musulmana con hiyab” representa un problema que, volviendo a la autora, la mayor parte de los feminismos occidentales ha decidido afrontar no desde el conocimiento y el diálogo, sino desde el prejuicio y la colonialidad, cuando no directamente el rechazo. De fondo hay una premisa a la que ellas se confrontan: ¿para ser feministas (ergo modernas, liberales, democráticas, civilizadas) hay que dejar de ser musulmanas?, y ¿por qué si las asumen como sometidas las atacan a ellas y no al sistema-mundo que las mantiene en esa condición? ¿Se está diciendo que no hay machismo entre musulmanes y árabes? No. Se trata más bien de un posicionamiento que busca discutir con la condición sine qua non de hacerlo en pie de igualdad.

La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial es un libro que debe discutirse y cuestionarse, pero primero hay que tener en claro los conceptos en disputa: islam, islamismo, religión, feminismo, feminismo islámico, patriarcado, colonización, epistemicidio, etc., revisando a sus autores y las opiniones de sus profesantes. Y entender que “la mujer musulmana con hiyab” esconde un debate más profundo. Mientras tanto, su propuesta es clara y desafiante:

En el caso del pensamiento arabo-islámico contemporáneo, y especialmente en los movimientos de mujeres, es urgente reformular estructuralmente las bases epistemológicas, conceptuales, discursivas y políticas con base en una clara y rotunda crítica decolonial. Es decir, una crítica y política que sea anticolonial, anticapitalista, antisexista, antipatriarcal, antirracista, anticlerical, simultáneamente, y nos permita romper la cárcel  y encontrar nuestro lugar de enunciación para plantear proyectos innovadores de liberación local y global. […]

Un diálogo no epistemicida ni genocida.

 

Isaura Leonardo
Licenciada en Letras Hispánicas (UAM-I). Fue parte del Comité Editorial de la revista online Registromx. Ha reseñado para Crítica, La Otra, Lee+ y Periódico de Poesía.


1 Francesca Gargallo, Feminismos desde Abya Yala. Ideas y proposiciones de las mujeres de 607 pueblos en nuestra América, primera edición digital. Disponible en http://francescagargallo.wordpress.com

2Del pornoburka al purplewashing, los trucos más sucios contra el feminismo”, entrevista con Brigitte Vasallo, El Confidencial, 3 de marzo de 2016.