Esta es la historia de un proyecto editorial que busca darle a personas en situación de calle nuevas posibilidades para su vida: escribir, publicar y vender su propia revista.

Testigo de los movimientos sociales que recorren el corazón de la Ciudad de México desde hace más de cien años, el Reloj Chino de Bucareli ha visto pasar numerosas marchas y plantones que hacen de la calle un micrófono para la inconformidad social. Desde hace dos años, sus manecillas registran también el tiempo en el que la glorieta que lo rodea se transforma en el punto de encuentro  de personas en situación de calle que realizan la primera revista callejera del país: Mi Valedor.

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Cada número de Mi Valedor significa una posibilidad de ingreso económico para la población que vive en la calle o se encuentra en riesgo social. Tiene una convocatoria permanente para que quienes estén interesados participen como vendedores y colaboradores de la revista bimestral. Los martes y jueves, Bucareli 69 se convierte en un espacio de capacitación que brinda herramientas a “los valedores” (vendedores de la revista) para generar nuevas posibilidades de empleo, además de habilidades de interacción social para poder vender la revista en diferentes espacios de las delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza.  Los valedores compran cada ejemplar a 5 pesos y lo venden a 20, cuando quieran y cuantos quieran, obteniendo así un ingreso legítimo y constante.

“La nombramos Mi Valedor porque queríamos usar una palabra coloquial, callejera, muy defeña y muy mexicana, porque finalmente era una revista para los valedores, que en un futuro sea hecha por ellos”, cuenta María Portilla, editora y directora de la revista. Ahora suman 11 números publicados (entre ellos Made in Chinga, Extinción, Nocturnos y el más reciente Quemando Grasa) y al igual que el nombre, el contenido es un registro gráfico y literario de la cotidianidad de la Ciudad de México, desde el Centro Histórico hasta los límites que se difuminan entre poblaciones periféricas. Cuentos, fototextos, crónicas y series fotográficas de diferentes colaboradores, reflejan los contrastes y escenarios surrealistas del ingenio con el que habitamos más de 20 millones de personas en un D.F. que parece resistirse a cambiar de nombre. Los valedores, observadores especializados de la cotidianidad en el espacio público, también participan de forma activa en la generación del contenido de cada número.

La idea de Mi Valedor surgió cuando María caminaba las calles de Londres como estudiante y comenzó a comprar semanalmente la revista callejera The Big Issue. Además de interesarle el contenido, encontró entre sus páginas la posibilidad de un diálogo cotidiano con una persona en situación de calle e imaginó un proyecto así entre las calles de la Ciudad de México. Después de visitar las oficinas de la revista, conoció al editor y la existencia de más de cien proyectos editoriales articulados en la red internacional de revistas callejeras (International Network of Street Papers, INSP).

INSP está integrada por 110 organizaciones en 35 países y 24 idiomas, son proyectos en todo el mundo que hacen del papel una herrmienta de reinserción social para la población que habita las calles, vulnerable y exlcuida del imaginario urbano. Con el apoyo de la red, María decidió comenzar el proyecto en México y se capacitó durante un mes como becaria en las oficinas de Big Issue en Glasgow, Escocia. Reunió a un equipo interdisciplinario de amigas que compartieron la valentía de comenzar una nueva revista impresa y entre todas obtuvieron las herramientas necesarias de gestión social y editorial para formar el proyecto.  “Trabajábamos desde cafés y mi estudio de pintura. Lo fuimos moldeando poco a poco, como ninguna era socióloga, periodista ni tenía experiencia en diseño editorial, tuvimos que capacitarnos en diferentes áreas y armamos el proyecto”. Así fue como un grupo de valedoras comenzó la primera revista callejera en México, que hoy cuenta con 11 números publicados, 15 vendedores y una vendedora.

Mientras la idea de Mi Valedor llegaba a la imprenta, María fue voluntaria en “La Carpa”, un centro comunitario de reducción de daños causados por sustancias. “Cuidaba los tiempos en que los jóvenes del centro se tardaban en bañar, pues ahí les cobran las regaderas y tienen un tiempo limitado para hacerlo. En esa época  estuve en contacto con las personas de organización y conocí el modelo ECO2 de reducción de daños, un modelo exitoso que se inventó en México y se replicó en otros países como Brasil; es completo, un paso a paso de cómo hacer que una persona empiece a dejar las sustancias. Está enfocado en personas en situación de calle que no cuentan con el apoyo de una red social”.

El centro comunitario comenzó como una carpa en la Plaza de la Soledad, en donde se vendía café por tres pesos a la población callejera con el único requisito de no inhalar sustancias mientras estaban ahí. El centro creció, se instalaron baños y un espacio para dar talleres. “Es más o menos lo que hacemos hoy en Mi Valedor: el café lo vendemos a tres pesos, damos capacitaciones y no se puede consumir ninguna sustancia estando ahí”.

Mi Valedor, como otros street papers, construye un puente de comunicación entre la ciudadanía reconocida socialmente y aquella que habita las calles, invisibilizada por la discriminación social y el asistencialismo de las políticas públicas. Un proyecto de la sociedad civil que reconoce y valora a las personas en situación de calle como sujetos de derecho, autónomos, parte de una ciudadanía que debe respetar sus derechos individuales de salud, educación, trabajo y vivienda. “No es cuestión de levantar al otro, es cuestión de levantarnos juntos”, se lee en el Manifiesto Mi Valedor en la primera página de cada ejemplar, resultado de la corresponsabilidad ciudadana con que se crea la revista.

“Nos consideramos un puente entre lo formal y lo informal. Lo ideal no es que estas personas se queden en Mi Valedor para siempre, sino que obtengan herramientas y puedan lograr cambios en su vida cotidiana, como rentar un cuarto. Por eso trabajamos con ellos habilidades sociales que han perdido por la vida en la calle, principalmente enfocadas al trabajo, como la paciencia, la memoria, la puntualidad y la responsabilidad”. En un principio, el equipo editorial impartía los talleres, de fotografía, escritura e ilustración que ofrecen. Después llegaron algunos voluntarios que ahora han aumentado hasta cubrir un calendario diverso, con nuevas propuestas, como es el caso del taller de radio comunitaria que tiene el programa “La Voz de la Calle”, transmitido por Internet. También, las integrantes de Mi Valedor imparten un taller enfocado al concepto de cada número de la revista para desarrollar la sección “Hecho por valedores” y próximamente, publicar un número completo editado por ellos.

Algunos de los valedores se han interesado en talleres específicos y ahora participan como colaboradores de la revista. “Francisco, por ejemplo, se interesó mucho en la fotografía y ya se compró una cámara. Le enseñamos a hacer una buena selección de sus fotos y ahora llega con nosotros,  nos enseña sus fotos, y vemos si elegimos alguna para el número. Lo tratamos como a cualquier colaborador: si no es tan fuerte, su foto no entra, y si entra, le pagamos. Ese ha sido uno de nuestros valores desde el principio: no ser condescendientes con ellos y tener una relación siempre horizontal. Somos compañeros de trabajo y respetamos nuestros tiempos, se ha formado una muy buena relación y a nosotras nos han enseñado mucho”.

El proyecto da seguimiento al proceso que vive cada valedor desde que se presenta para su primera capacitación: los acompaña mediante reuniones y talleres para llevar un registro de sus mejoras en ventas y en el desarrollo de sus habilidades sociales. “El impacto social que tenemos no lo vemos tanto en la cantidad de valedores, sino en el proceso de mejora que vemos en cada uno de ellos. La capacitación en los talleres es lo que más los ha empoderado, los apoya a tener confianza y a aprender a hacer otras cosas a la par de la revista. Lo importante, más que el sentido económico, es que puedan construir una red de apoyo entre ellos, ya que muchos de nuestros valedores están en la calle por problemas familiares y por lo tanto, han perdido ese soporte que es lo más importante: la familia. Durante los talleres se conocen y se apoyan entre ellos. Dos valedores ya rentan un cuarto juntos, por ejemplo”.

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Aristeo tiene 54 años, nació en Ciudad de México y desde niño aprendió de albañilería y electricidad. Sonríe en la junta mensual de los valedores mientras se toma un café y carga su morral con ejemplares nuevos. “Yo vine por aquí porque vi en el periódico una chamba de mantenimiento en un hotel, pensaba que por los conocimientos que tenía me iban a recibir de volada como antes, pero ahora me piden que deje mi teléfono y jamás me llaman. Uno de esos días me encontré en un comedor a la valedora Delphine (Coordinadora de fotografía de Mi Valedor) y ella me invitó al proyecto”.

El equipo fundador de Mi Valedor realiza recorridos cuatro veces a la semana: visitan albergues, comedores y puntos de calle, así como iglesias y otras ONG que trabajan con la población callejera. “Les damos un volante que dice ´¿Quieres ser tu propio jefe?´ y los invitamos. Entonces, como primer filtro, ellos tienen que venir a las oficinas y si quieren empezar les hacemos una hoja de primer contacto para llevar un registro, después les damos una breve capacitación de cómo se vende, el origen de la revista, cómo es su contenido y, ya sea una de nosotros, o un valedor, los acompaña a vender”.

Martes y jueves, Aristeo emprende el recorrido desde Chimalhuacán para acudir a los talleres en Bucareli 69 y después dirigirse a su punto de venta en el parque Pushkin, en la Colonia Roma. “He tomado el taller de foto, carpintería, periodismo e inglés, que es difícil aprender desde cero cuando solo te sabes el “okay, okay maguey”. Yo ya sabía de carpintería y ahora estoy haciendo unos cuadros para venderlos cuando no venda la revista. Con Mi Valedor puedes vender 10 o 15 ejemplares en un día o puedes no vender nada; no siempre es día de primavera en donde podemos cosechar. En la calle te encuentras de todo, gente que le interesa ayudar, gente que no, unos que no escuchan, otros ponen interés pero no la compran. A veces no importa que no la hayan comprado, lo importante es que me escucharon”.

Aristeo me extiende un ejemplar de Nocturnos que carga en su morral y abre la página en la sección de los valedores, en donde narra el relato de los tres balazos que recibió de un asalto, lo tituló: “Siempre guardar la calma en situaciones difíciles”, me enseña sus tres cicatrices mientras aclara que lo escribió en un ejercicio de crónica sobre una noche inolvidable en su vida. En esa misma página, las voces de los valedores narran sus recuerdos: una noche de pasión en la Ciudad de México, cantos de “peace and love” en un concierto de rock memorable y “Una noche con los homies” narrada por una valedora.

Después abre un ejemplar de Quemando Grasa, en el que aparece una plana entera con su foto y su historia narrada en primera persona. Al final de cada número aparece un valedor distinto. “Este mes me gusta porque habla de puro deporte y para mí jugar futbol fue lo mejor. Ahora me tocó salir en la última parte de la revista, te cae de raro que de un momento a otro empieces a participar en una publicación. Siempre me ha gustado el periodismo y he vendido otras revistas, pero ahora de pronto soy parte de esta”.

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“Me gusta que siempre tengo algo que hacer y siempre te tienes que conservar sin probar bebida porque luego da pena llegar a vender la revista con aliento alcohólico. No me desarrollaría igual. Como vas sobre la marcha, agarras otro ambiente por estar andando y platicando, regresas bien cansado. Pero es como dice el comercial ´hay que dejar al mundo mejor de como está´, si ya lo descompuse y ahora lo quiero componer de un trancazo es dificil, pero ahí voy”.

Si bien no existe un censo que confirme el número de personas en situación de calle, José Ramón Amieva, Director de la Secretaría de Desarrollo de la CDMX (SEDESO), estima que actualmente existen 4,500 personas en situación de calle, 700 más que en el 2015.1 Una sector de la población que aumenta año con año, mientras el gobierno insiste en dar continuidad al historial de políticas asistencialistas cuya mirada no ve más allá de una minoría tutelable y discriminada. De acuerdo con Sara Makowski Muchnik, Profesora-Investigadora de la UAM-Xochimilco, “la interpelación pública y le gestión gubernamental han permanecido intactas a lo largo del tiempo, ancladas en la estigmatización y la discriminación de la condición callejera (…) es necesaria una restitución de los umbrales mínimos de la potencialidad del sujeto para poder esbozar itinerarios de construcción de ciudadanía: un tránsito ineludible de sujetos invisibles a actores sociales que desde sus propios espacios de experiencia sean socialmente reconocidos como otros semejantes, con capacidades y recursos para aportar al flujo de la vida social”.2

Dentro de las cifras mencionadas, las delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza cuentan con el mayor porcentaje de población callejera. Entre los espacios públicos de mayor afluencia peatonal en estas zonas de la Ciudad, ya se encuentran 15 valedores como Aristeo, identificados con un chaleco rojo y un gafete que los distingue como parte de un proyecto de trabajo colectivo. Son valedores de una revista que reconoce entre sus saberes y experiencias, la capacidad para escribir su propio camino y habitarlo con dignidad.

 

María Álvarez Malvido
Antropóloga Social por la UAM Iztapalapa.


1 http://eluni.mx/2rGsVfL

2 Makowski Muchnik, Sara “Ciudadanos invisibles” en Dfensor. Revistra de Derechos Humanos. Num 6, Junio, 2015.

 

 

Un comentario en “Mi Valedor: la primera revista callejera en México

  1. Me gusta este proyecto, descubrir vidas que creemos sin sentido, pero nos enseñan de otro modo de vivir y su entorno. Le deseo una larga vida editorial.