En homenaje al gran poeta chiapaneco fallecido el 29 de marzo, miembro del grupo La espiga amotinada (1960) —título de la antología en la que aparecía junto a Óscar Oliva, Jaime Augusto Shelley Eraclio Zepeda y Jaime Labastida—, ofrecemos algunas instantáneas de sus versos. Condensan acaso esa voluntad que atisbó Agustí Bartra al presentar a estos poetas: “el quehacer poético se utiliza como elemento de comunión y amor”. Era esta una idea de la creación como fuerza liberadora, opuesta a la abstracción, y siempre al servicio de la profecía y el testimonio, que sale al paso de una sociedad encadenada. Así, el propio Bañuelos definía su estancia en la palabra en términos marxistas: “El arma del poeta debe ser la dialéctica, y las aguas en donde debe sumergirse la lucha de clases y las relaciones de producción […]. Las consecuencias estéticas y éticas nuestras, definitivas, nacerán de las necesidades de las luchas diarias. Víctima y cómplice del verdugo, lleno de humillación pero también de ira, avanzaré un día por el camino donde el Odio no deforma los rasgos.”

juan-banuelos

Fotografía cortesía de Milenio


Un trompo de silencio se rebela.
Es la creación haciéndose más grande que la muerte;
un gozar y un dolernos
de saber que no es más la pluma
que el esqueleto del vuelo.
[…]

 

***

Y con plomo en la voz voy arrastrando
libre un tiempo feroz de cataclismo.
Avanzo con súbito ritmo de pez
(ahogado a veces)
o con luz recogida del fondo de un espejo.
[…]

de “Imágenes para una sorpresa”, Puertas del mundo

 

***

El sur está en mis lágrimas
mientras la lluvia piensa en mis ausentes.
Las alas del más pequeño pájaro
se pierden en la boca del viento
y tú, mi hora augural, desciendes tímida
entre tantos recuerdos.
Aquí están todos. Vienen
reunidos por el tiempo, cojeando entre la niebla
y entre quejidos lentos.
[…]

de “Enero era la hierba”, Puertas del mundo

***

[…]
La fuente de ayer mana cerca de una tumba
y un árbol crece en la mano abierta de la tierra.
Soñamos,
soñamos y las aguas de la infancia
se cierran por encima de nuestras cabezas
como una cúpula astral.

de “Celebración de la infancia”, Puertas del mundo

***

¡Con qué dientes nos hiere la pobreza!

Mientras borrachos gritan
en la madrugada,
Rosario tiene fiebre.
Es mi primera hija,
tiembla de frío y bebe
la noche de su sangre
unida.
Hundo una mano en mi bolsillo
y ni una moneda hallo que me lleve
a menguar esta pena que me muerde.
[…]
¡Qué condición! ¡Qué perra suerte!
¡Rosario se me muere!
[…]

de “Ojo de caballo”, Puertas del mundo

***

[…]
La noche con todas sus estrellas gira como un viejo
    molino de palomas,
y nosotros, resueltos ya en ruinas, de esta carroña deliciosa
sabremos ser tierra, sabremos ser fuego —sabré ser pájaro
      y su vuelo—
y consentiremos en nuestro propio corazón al hombre.
Ahora cerca del espíritu vamos a crear la palabra (un arco
      iris movido por el aire).
Que el tiempo nos separe como separa los días y las aguas,
que la palabra sea como la mano de Ananías y veamos
      por una sola vez,
por una, lo que no podíamos ver.
                    Porque ¿qué es el crepúsculo
                   sin los ojos del hombre?
[…]
Sólo cuando construimos nos despojamos de la ebriedad
      de la tiniebla.
      —Duermen los siglos en las piedras y el silencio se hace
      tiempo;
   en el verano de los muertos, el adolescente es un peñasco
      estéril.
Sólo hila una tumba la arcilla que no conoce el agua.
[…]

de “Esta noche y sus viejos nómadas de blanco”, Puertas al mundo.

***

[…]
El hombre soy
   pero toda cosa nacida con la aurora, con ella muere,
y toda criatura que engendra la noche
      con ella se aleja porque oscuro es su linaje.

Todo pasa.
Y como el agua y el sol, también todo queda. Un silencio
  que se sienta a esperar el primer ruido. Nuestra imagen
  que se pierde y se encuentra como el humo que no es
    más que el eco del fuego.
No otra cosa que la espuma negra
que va haciendo el arado sobre la tierra.
Y lejos de la memoria del viento que dejaron las épocas,
  un olor de centeno y anís hace volver los pájaros.
[…]

¿De qué remoto sueño hemos caído? ¿Por qué somos una
      rueda que grita enloquecida? ¡Ah! triste es nuestro
      paso, en verdad,
¡No más que olas somos! Nos levantamos brevemente…
para seguir siendo mar.

de “Viento de diamantes”, Puertas del mundo

***

Estoy a boca y llanto sometido
a abismos silenciosos como peces,
y tú, mi hora y señal, solo enterneces
el polvo que ya tengo compartido.
¿Qué diente hambriento, agudo, se me ha hundido
que repite su hazaña tantas veces
como minutos, días, años, meses,
mi piel a dentelladas la han tejido?
Colgando de mis huesos van las horas.
Sólo amando a mi pueblo he de perderte,
oh soledad, que fiel, todo coloras.
[…]
de “Contra la soledad”, Espejo humeante

 

Fuentes: La espiga amotinada (colectivo), prólogo de Agustí Bartra, Fondo de Cultura Económica, México, 1960. Juan Bañuelos, El espejo humeante, Secretaría de Educación Pública (col. Lecturas Mexicanas), México, 1968.