Tras luchar contra una larga enfermedad, el pasado 11 de marzo falleció Ángel Parra en París, la ciudad que, después de México, lo acogió en su exilio de la dictadura de Pinochet, de la detención y posterior reclusión que sufrió en el macabramente famoso Estadio Nacional en 1973. Cantante, guitarrista y escritor, Parra llevaba naturalmente el legado artístico de su familia. Su muerte, sin embargo, no es en absoluto la extinción de un ciclo creativo familiar único en la historia de la música y la literatura latinoamericanas. Sus hijos son músicos y compositores que han regresado a Chile. Representante de la Nueva Canción Chilena, es autor de una veintena de álbumes, algunos de ellos grabados junto a su hermana, la también cantautora Isabel Parra. Recuperamos este diálogo que Álvaro Ruiz Rodilla sostuvo con el autor en la ciudad de Toulouse en 2012, durante el Festival de Cine Latinoamericano Cinélatino.

Álvaro Ruiz Rodilla: ¿Cómo se gestó el proyecto de la película Violeta se fue a los cielos (Chile, Francia, Argentina, 2011)de Andrés Wood, basada en su libro homónimo de 2006?

Ángel Parra: Andrés la llevó al cine de una manera bastante responsable, cariñosa y poniendo de nuevo en la mesa los valores por los cuales Violeta, mi madre, luchó durante tantos años. La iniciativa de hacer la película fue justamente de él. El primero que se interesó en mi libro fue Raúl Ruiz. Estuvimos unos tres años dándole vueltas pero Raúl tenía otros compromisos y todo se iba postergando. Y de repente aparece este joven cineasta talentosísimo que ya había hecho La buena vida, La fiebre del loco y tantas otras buenas películas. Nos caímos muy bien y tuvimos un acercamiento, yo diría, casi de padre a hijo. El cariño y el interés con el cual él proyectó su visión me entusiasmaron y trabajé directamente con él en el guión, en los diálogos. Es un proyecto muy íntimo, muy cercano.

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Ángel Parra

ARR: ¿Por qué les parecía tan importante hacer una película sobre Violeta Parra?

AP: Bueno, los argumentos que él da yo los comparto. Primero que nada el libro tenía un gran éxito en Chile lo cual significa que hay un tremendo interés en ella. Bueno, toda mi familia está metida en estos bailes de saltimbanqui, de intelectuales, poetas, etc. [Ríe.]

ARR: Lo cual se refleja muy claramente en la película…

AP: Exactamente. La película te va dando muchas claves. Son claves inventadas. No hay nada que corresponda a una estricta realidad. Simplemente hay una inspiración y la idea era captar un momento del espíritu de Violeta. Tal como lo digo en mi libro “esto puede ser sueño, esto puede ser una idea que yo tuve y que recuerdo de niño”. Imagina, a mi edad ¾¡saca la cuenta para atrás!¾, lo que son ahora esos recuerdos de niño. Puede ser que yo los haya elaborado, los haya cambiado o tergiversado pero en definitiva dan el resultado que queríamos que es el resultado poético. Andrés y la actriz que es extraordinaria lo captaron muy bien. Una conjunción de buenas vibras y de elementos que hicieron que la película tuviera que llevar ese sello.

ARR: Después de escribir el libro y participar en la película ¿qué cree que representa Violeta hoy en día para Chile, para el movimiento estudiantil de 2011?

AP: Representa mucho porque mi madre escribió hace más de cincuenta años esa canción que se llama “Qué vivan los estudiantes” y es de una actualidad tremenda. Los jóvenes la cantan en la calle y salen con tremendos letreros y fotos de Violeta que dicen: “Violeta no se fue a los cielos, está con los estudiantes.” Es un símbolo todavía muy cercano porque habla de canciones de amor, políticas, humorísticas. Sus décimas autobiográficas son maravillosas. Quien quiera conocer su vida tiene que leer las décimas. Y quien quiera conocer su obra tiene que profundizar en las letras de sus canciones que son pura verdad, verdad poética. Violeta escribió veinte piezas para guitarra sin haber entrado nunca al conservatorio. Y los compositores de escuela decían: “¡qué es esto! Esto es Bela Bartok, es música contemporánea.” Creo sinceramente que Violeta representa el alma de la mujer latinoamericana y una admiración que proviene de la representación política de Violeta Parra. Representa la justicia social, los derechos, el feminismo en un momento en que nadie luchaba por esas causas en Chile. Una lucha contra el machismo imperante en el mundo. Y es una lucha que sigue muy vigente. Tú sabes bien del caso de tantas mujeres asesinadas en México… En fin, mientras no nos pongamos los hombres también a defender esas causas es una batalla que no se va a poder ganar. No es posible que estén sólo las mujeres a un lado dando la pelea y del otro lado los hombres mirando. Yo estoy totalmente comprometido con esa lucha y estoy de ese lado.

ARR: Siguiendo la idea de transmitir mensajes políticos, usted, como su madre, escogió también la canción. A diferencia de Nicanor Parra que se quedó con la poesía escrita, ¿hubo algún hecho en particular para decantarse por la música?

AP: Bueno, lo que pasa es que una canción, que puede durar aproximadamente dos minutos, puede llegar muy a fondo, puede marcar una vida. ¿Por qué si no uno recuerda los boleros cuando está enamorado, de joven? [Ríe.] O al menos para los mexicanos como tú, ¿no? ¿Por qué el Adagio de Albinoni te estremece cuando estás triste? Y además creo que es muy útil que la juventud tome conciencia de la utilidad de la música, aunque sea para divertirse, saltar, excitarse. Creo que la palabra conciencia fue importante en mi caso. Y la he vuelto a redescubrir en la juventud chilena con estas luchas estudiantiles… Al igual que la dignidad. La conciencia y dignidad aparecen y desaparecen cada cierto tiempo por las causas que ya conocemos. O por dictaduras, la dictadura de la televisión y del cine norteamericano particularmente con su violencia, su extremismo, su grandilocuencia, su tecnología.

ARR: Usted ha mencionado que sufrimos un problema de educación y conciencia. ¿El mejor camino es entonces el de las artes?

AP: Sin duda. Para mí es fundamental el rol del cantor popular que va con su guitarra de palo, que recorre, que no necesita micrófono ni infraestructura ni luces pero que necesita una lucidez y una claridad al elegir su repertorio. No es necesario que componga sus propias canciones. Ya tenemos más de cuarenta mil canciones hermosísimas de diversos países latinoamericanos. Seguramente cada uno de estos jóvenes que van por la calle podrían tener una guitarra, un charango, un cuatro y cantar. Felizmente se está haciendo de nuevo, por lo menos en Chile. Hay una pelea grande ahí por recuperar la palabra y recuperar el posicionamiento frente a la realidad. Hay muchachas jóvenes en Chile, recuerdo en este minuto a Camila Moreno, Francisca Valenzuela, otros como Manuel García, Chinoy, Pascuala y la Vaca, muchachos y muchachas jóvenes, talentosas, inteligentes, combativas que están dando la pelea y componiendo sus propias canciones.

ARR: Entonces, ¿usted cree que ese interés por la música popular, por la recuperación de las tradiciones populares, como el que tuvo Violeta, ha seguido adelante hoy en día?

AP: Yo creo que si alguien se da a la tarea de ir por los campos, de ir por las montañas, por las orillas del litoral chileno va a encontrar siempre un viejo y una vieja que van a cantar las canciones que aprendieron de sus abuelos. Ahora, el trabajo de recopilación que hizo mi madre es un trabajo muy importante. Hay mucha gente que lo está haciendo hoy en día pero con más medios, no como esa grabadora vieja que yo iba cargando. Entonces creo que hay mucho espacio dentro de este mundo político y cultural y nunca hay que separar esas dos palabras, político-cultural. Recuerdo un encuentro que tuve hace muchos, muchos años en Punta de Maisí en Cuba con Fidel Castro. Éramos unos cincuenta cantores latinoamericanos en el Primer Encuentro de la Canción Protesta, como le llamaban ahí. Y él me dijo: “una canción vale más que cien discursos.” No sé si se le habrá olvidado. [Ríe.]

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Violeta Parra

ARR: Usted sufrió, como tantos otros, el exilio de Chile después de haber sido apresado por la dictadura de Pinochet hasta que fue liberado en 1974. Con el regreso de la democracia ¿nunca ha tenido deseos de regresar a su tierra?

AP: No, no es mi intención. He logrado un espacio social, político, sentimental, profesional acá en Europa que no quiero dejar porque es mi segunda vida. Al salir de la cárcel salí convertido en un anciano, sin defensa, mal. Y acá me rehice de nuevo. Bueno me rehízo ella [señala a su esposa, sentada a su lado]. El encuentro con Francia fue muy bueno, incluso para Violeta. En la película se ve esa exposición que hizo ella en el Pavillon des Marchands du Louvre, nada menos. Mucho mejor que la recepción que ella tenía en su propio país. Cuántos intelectuales mexicanos, latinoamericanos, vinieron aquí porque este país es el de la revolución francesa, la Comuna de París. Aquí se sentaron las bases de los derechos humanos. Aquí vive este viejito maravilloso, Stéphane Hessel, que todavía a sus noventa y tantos sigue dándonos lecciones y nos dice: “¡indígnense! Recuperen la capacidad de indignarse”. Entonces, en Francia hay una fuerza intelectual que naturalmente estos gobiernos como el de hoy, que son conservadores, lo único que quieren es que desaparezca. Que desaparezca toda traza de inteligencia y que aquí se deje simplemente al mercado y al dinero para que rija todo. No es así como deben ser las cosas. Hay que pelear, hay que salir a la calle, hay que indignarse que es lo que dice Hessel.

ARR: ¿De qué manera se ha indignado usted últimamente?

AP: Me estoy indignando en un trabajo de escritura y todos mis libros tienen que ver con lo vivido, tienen que ver con la política, con posiciones humanistas. Y mis discos también. Entonces cualquier intelectual, cualquier obrero, cualquier individuo con dos dedos de frente tiene que tener sus posiciones políticas porque la televisión cuando te informa, o la radio o las universidades te están dando una información política. La gente tiene que despertar, despertar de este letargo que produce la pelota de futbol.

ARR: ¿Cómo es el libro en el que está vertiendo su indignación?

AP: Es una novela. Tal vez la única gracia que tiene es que lo hago con mucho humor. Me rio de mí mismo. Hay algunas cosas que todavía se pueden aprovechar: el aire, el sol y el humor.

 

Álvaro Ruiz Rodilla
Editor de nexos en línea.