El caso de Harry Mathews, posible escritor agente-doble; Freud en acceso libre; las manecillas del fin del mundo; y varios libros póstumos de Piglia entre otras noticias que nos han hecho clic.

El poeta y la CIA

Pocas notas en el mundo hispanohablante registraron el fallecimiento de Harry Mathews a los 86 años, el 25 de enero. Escritor estadounidense formado en las cátedras de la Ivy League, se dedicó a la novela (The Conversions, 1962), el cuento (Twenty Lines a Day, 1988), la poesía y el ensayo. Fue el primero de su país en unirse, en 1973, al Oulipo (Ouvroir de Littérature Potentielle), ese grupo experimental —fueron parte de él Raymond Queneau, Italo Calvino y Georges Perec, entre otros— que buscó emplear estructuras matemáticas lúdicamente al servicio de una creación literaria. Perec dedicó a Mathews uno de sus libros más importantes, Je me souviens (1978). Años antes, en 1961, el estadounidense había fundado la revista Locus Solus junto con John Ashberry y Kenneth Koch, poetas de la llamada Escuela de Vanguardia de Nueva York. Además de su trabajo formal con el lenguaje, el así llamado señor Mathews se dedicó a una actividad secundaria… o bien primera, según los gustos. Sus días se dividían entre Nueva York y París, que en los años 1970 fue una suerte de capital de la disidencia intelectual y bastión simbólico anti-americano en la Guerra Fría. Mathews habría llegado a la capital francesa como posible agente infiltrado de la CIA. Al menos, eso es lo que relata en su última novela, autobiográfica, titulada Mi vida en CIA (My life in CIA, 2005). Su personaje camina a deshoras por la ciudad, recoge sospechosos paquetes, se encuentra con otros posibles espías. Un agente ruso intenta drogarlo, otro de Alemania del este lo acecha y amenaza de muerte. Estas y otras tribulaciones en el libro hicieron que todas las sospechas en su contra parecieran confirmadas: era un agente-doble, encubierto por un escritor talentoso. ¿Cómo distinguir entre las partes ficcionales y aquellas realmente autobiográficas de su libro? Posiblemente en esa ambigüedad reside el misterio sin resolver de Mathews. Qué mejor que un relato de ficción para poner en duda, por siempre, a la realidad misma. Cuando le preguntaron sobre el origen de esta novela, contestó: “El libro es absolutamente verdadero… y totalmente falso”. Como dijo su amigo Georges Perec, Mathews siempre estaba “obedeciendo reglas de otro planeta”.

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Harry Mathews y Georges Perec en 1975. Fotografía de ed. Mansalva, @MANSALVA_.

Manecillas del fin del mundo

Desde la toma de posesión de Trump, el Consejo de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago decidió mover las manecillas del Reloj del Fin del Mundo (Doomsday Clock). Empleando un imaginario del apocalipsis —la medianoche de la oscuridad absoluta marca el fin—, científicos del proyecto “Manhattan” crearon este gracioso conteo regresivo en 1947. Sirve para señalar nada más y nada menos que la vulnerabilidad de nuestro planeta ante amenazas de todo tipo: guerras nucleares, desastres naturales, nuevas tecnologías o cambios climáticos. Principalmente, la amenaza de nosotros contra nosotros mismos. Los creadores de las armas que arrasaron Hiroshima y Nagasaki junto con sus pobladores decidieron crear el Consejo y editar el Boletín de Científicos Atómicos para sumarse a la causa de no proliferación de armas nucleares. Los jinetes del apocalipsis —tenían que ser científicos— integran un cuerpo para la seguridad global que incluye a 15 premios Nobel. A raíz del cambio climático y la amenaza terrorista, las agujas pasaron a marcar las once con cincuenta y siete en 2015. Las esperanzas de 1991, cuando el reloj marcaba 17 minutos para la medianoche, han quedado enterradas. En el horario apocalíptico de principios de 2017 son ahora dos minutos y medio para las doce. Por favor, que pase adelante el señor Nicanor Parra:

Buenas Noticias:
la Tierra se recupera en un millón
de años.
Somos nosotros los que desaparecemos.

Freud al alcance de todos

Los admiradores de la obra del vienés ahora podrán acceder a una infinidad de documentos digitalizados gracias a la Library of Congress de Washington. Nunca duden de la amalgama entre el poder geopolítico y —digámoslo así— el poder patrimonial que no por simbólico pierde su fuerza. Es impresionante que un país con tan corta historia como los E.U. conserve el mayor número de incunables en sus bibliotecas. De cualquier modo, no es menor el esfuerzo colectivo de los tres newyorquinos que fundaron la organización de Archivos de Sigmund Freud (SFA, por sus siglas en inglés) en 1951, para preservar y reunir los documentos del creador del psicoanálisis, desperdigados por la Europa devastada de posguerra. Freud no conservaba copias de su correspondencia ni de sus actas médicas lo cual dificultó más la labor de la SFA. Además, la colección reúne entrevistas con miembros de su familia, pacientes y amigos cercanos, cuadernos de notas, papeles familiares, manuscritos diversos, álbumes fotográficos, pinturas, dibujos, material en audio y hasta películas caseras. Este acervo tan inabarcable como el Inconsciente se puede consultar aquí. Un verdadero acto logrado para el legado intelectual del siglo XX.

Piglia y bastante Piglia más

renzi

Tras el deceso del mejor escritor argentino de finales del siglo XX, el periódico Clarín anuncia la futura aparición de una buena cantidad de libros que completarán su obra. ¡Ah celestiales entregas de la creación post-mortem! No, esta vez no se dejen engañar. No habrá tanto Herralde para este Bolaño. Los volúmenes “póstumos” de Piglia son el asombroso fruto de su trabajo inagotable de los últimos años, rodeado por un grupo de asistentes que lo ayudaban a escribir con la Esclerosis Lateral Amiotrófica a cuestas. Así que todas estas páginas nuevas fueron corregidas y revisadas por el autor. Para nuestra fortuna, el final de la saga de su detective alter-ego con el tercer tomo de Los Diarios de Emilio Renzi (3). Un día en la vida (Anagrama) saldrá a la venta. Aparecerá también una serie con ocho cuentos inéditos titulada Los casos del comisario Croce y una edición definitiva de sus Cuentos completos. La faceta más explorada será la del ensayista y profesor con una versión corregida de Por un relato futuro, conversaciones con Juan José Saer; Escenas de la novela argentina; y Teoría de la prosa, fruto de un seminario que impartió en la Universidad de Buenos Aires en 1995.