La Bienal de Fotografía se lleva a cabo en la Ciudad de México desde 1979 para fomentar e impulsar la producción fotográfica internacional. En su XVII edición, la Bienal reflexiona sobre los límites de la imagen y el carácter multidisciplinario del arte en nuestros días.

De todos los medios de expresión, la fotografía
es el único que fija el instante preciso.
—Henri Cartier Bresson en Fotografiar del natural

La fotografía nunca termina en ella misma: es el punto de partida para nuevas e insospechadas reflexiones que surgen tanto de la narrativa visual como del discurso que acompaña a la imagen. La última edición de la Bienal de Fotografía en la Ciudad de México, “Anacronismo de las imágenes: documentos y recuperaciones”, explora esta reflexión al pretender reconstruir el pasado desde la mirada, no sólo de mexicanos, sino de extranjeros que han encontrado en esta patria un sitio lleno de preguntas para retratar, a través de vestigios del imaginario mexicano, críticas a la clase política y mediante la búsqueda o la afirmación de alguna creencia. Todo ello casi por necesidad identitaria. Cada una de las fotografías comparte el tránsito entre la imagen y los medios multidisciplinarios: no se trata de una Bienal de foto tradicional, sino del descubrimiento de nuevos soportes visuales.

Trabajos como el de Jesús Jiménez (Michoacán, 1978) y el de Carlos Iván Hernández (Ciudad de México, 1984) expanden la definición de imagen con obras que van desde poemas visuales ––como Apuntes de una negociación en la que Jiménez realiza una serie de composiciones numéricas y abstractas a partir de tickets impresos––, hasta Linde, una instalación compuesta por fragmentos de alambre de púas con mechones de pelo de vaca que reflexiona acerca de la domesticación de los animales.

Este tipo de obras permiten hablar de una Bienal de la Imagen, más que de una Bienal de Fotografía. Los trabajos que se presentan son ideas sueltas que dialogan entre sí, no sólo en su calidad de imágenes instantáneas, sino como piezas de arte visual en las que se incluye video instalación, collage y poesía. La muestra se configura como un ensayo que explora lo fortuito en el oficio del fotógrafo y la reproducción de instantes que pretenden legitimar ciertas condiciones sociales de México y el mundo. Tanto las imágenes como las cédulas de cada pieza tienen la misma importancia porque complementan la exploración de cada artista y todas presentan un momento íntimo de las personas u objetos que son retratados.

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Javier León, It is exactly what you think it is

Un tema recurrente en el imaginario de quienes participan en esta exposición es la familia y la manera en la que nos relacionamos con ella; Abigail Marmolejo (Ciudad de México, 1992) recibe mención honorífica con Juntas, un proyecto en proceso que le ha permitido penetrar, con ayuda de la cámara, el espacio íntimo que su madre y ella comparten para formularse una idea de quién es la persona con la que vive; Karla González-Lutteroth (Ciudad de México, 1986), en cambio, se vale del video para registrar los movimientos involuntarios de su padre mientras permanece en cama por un accidente.

Si tiene intención y estética, el poder de una imagen trasciende en tiempo y espacio. Esto sucede con las imágenes que han transitado por las tres realidades de la fotografía que plantea Boris Kossoy: la primigenia intencionalidad del fotógrafo, la materialización de la imagen y los caminos recorridos en una temporalidad histórica. Lo mismo sucede con la fotografía documental, que puede considerarse foto artística en tanto es capaz de dialogar con imágenes atemporales y sostener un discurso más allá del reportaje que no sólo responde a una necesidad utilitaria, sino estética.

Esta es una discusión que explora Botánica bituminis de Pablo Navajas (Uruguay, 1970) desde tres aristas —la superficial, la de las ideas y la estética—. Se trata de una serie en la que el artista explora “las nociones de permanencia y sustitución en una urbe como la Ciudad de México”, fotografías que evidencian la manera en que la modernidad se superpone a la naturaleza y a la inversa: paisajes que se refieren a lo pictórico pero que también funcionan como registro de la transformación de un espacio.

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Mauricio Palos, Familia Hernández de Guerrero y Queens

Por otra parte, el trabajo de Mauricio Palos (San Luis Potosí, 1981) que se titula La Familia Hernández de Guerrero y Queens hace una reflexión a propósito de los inmigrantes mexicanos indocumentados, así como de la desaparición en Estados Unidos de muchas personas cuyos nombres aún desconocemos. Esta obra ––que obtuvo mención honorífica en la Bienal––, explora la relación entre los ecos del narcotráfico frente al sueño americano desde una mirada sensible y actual. La pieza inevitablemente hace cómplice al que mira, pues no se restringe a las fotografías en blanco y negro enmarcadas, sino que el discurso se acompaña de la reproducción de un periódico en el que se explican las situaciones a las que se ha enfrentado la familia Hernández. Por ejemplo, el asesinato de uno de los sobrinos a manos de la delincuencia organizada.

Conscientes de que las posibilidades para tomar una fotografía en nuestros días son infinitas, tanto por la inmediatez del acto como por la cantidad exacerbada de imágenes que se producen cada segundo —en redes sociales como Snapchat, por ejemplo, se comparten un promedio de 8,796 fotografías cada segundo, mientras que Facebook registra que se suben alrededor de 350 millones de imágenes cada día—, es claro que la fotografía artística no puede replicar los esquemas académicos y está prácticamente obligada a encontrar nuevos soportes visuales que la distingan de las capturas que circulan por la red y le den un reconocimiento en el mundo del arte.

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Rodrigo Alcocer de Garay, Sungazing

Si bien esto no significa que renuncie a los rigores técnicos y puristas, parece que la apuesta visual de nuestros días es formar autores cuyo trabajo sea capaz de adoptar las técnicas de la foto tradicional al tiempo que asimila la tecnología como herramienta de creación, inserta discursos y los presenta en distintas versiones —video instalación, collage, intervención de imágenes— para trascender en un ámbito social, cultural y artístico siempre cambiante. En este sentido, parece que, en esta Bienal, la fotografía está cruzando el umbral hacia el arte contemporáneo: el discurso es la obra en sí y lo objetual —o visual— pasa a segundo plano.

Para hablar de estas exploraciones artísticas podemos pensar en la obra FracturaMX de Bruno Bresani (Brasil, 1973) que “indaga sobre los quiebres, desgastes, omisiones y descalabros que un Estado ausente ha generado en la sociedad mexicana”. El proyecto que expone en la Bienal se compone de tres elementos: una video instalación que reproduce la quema de un castillo de fuegos artificiales con la palabra “Desaparecidos”, así como las letras en acrílico que formaban el castillo y una caja con las cenizas que quedaron tras su quema.

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Bruno Bresani, FracturaMX

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Bruno Bresani, FracturaMX

Resulta interesante reconocer que los extranjeros también se suman a la búsqueda identitaria de México con temas como la figura del Estado ausente o fallido porque son asuntos que desde la periferia adquieren otro sentido. Como lo ha expresado Lesley Byrd Simpson, parece que el pasado y el presente de nuestro país siempre han producido en los extranjeros fascinación y asombro. Quizá con la intención de entender el funcionamiento interno de nuestras leyes o simplemente para formularse la idea de un México que es, a su vez, muchos Méxicos.

Estos cambios de paradigma que desdibujan los límites de la fotografía y proponen nuevas definiciones, no sólo responden al interés de los artistas, sino que se ocupan de la demanda que exige un público nuevo, ansioso por formarse una visión personal enriquecida por una serie de conocimientos y experiencias que abran sus posibilidades. La fotografía como un medio para evidenciar lo que sucede en lo cotidiano es también un camino que traza sus propias narrativas, reinterpreta y complejiza los registros de la vida.

María Olivera
Estudiante de literatura.

 

 

Un comentario en “XVII Bienal de fotografía:
un discurso más allá de la imagen

  1. Clara y explicita descripcion de las nuevas maneras en que la fotografia se extiende a nuevos conceptos para no quedarae atras en el llamado “arte conceptual”.
    Aplausos!!!