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Jorge Alberto Gudiño Hernández
Tus dos muertos
Alfaguara, 2016
136 páginas


Las novelas policiacas suelen estar plagadas de muertos. Los cuerpos inertes, desde su pasividad, determinan el curso de los acontecimientos. El inicio de la investigación. Los interrogatorios. La ruta de escape del homicida. El juego sucesorio tras la muerte del capo.

En esta ocasión, sin embargo, el crimen que investiga Cipriano Zuzunaga ha pasado a segundo plano. El policía se encuentra distraído, desvaría. Su mente se ocupa en realidad de las cuentas que debe. Admite finalmente que hay muertos que valen más que otros. Cierto: al convertirse en homicida alcanzó un sosiego que desconocía. Algunas ejecuciones, lejos de atormentar, alivian. No obstante, el suceso ha nublado su juicio. Los muertos son como los amantes: sólo importan unos cuantos, pero cuando importan, ofuscan.

Jorge Alberto Gudiño Hernández incursiona en el crimen urbano de la Ciudad de México y firma Tus dos muertos. Escrita en segunda persona, la novela describe el proceso investigativo que conduce un policía para esclarecer el secuestro del hijo de un diputado. Las jornadas del agente Zuzunaga dan cuenta de la delincuencia común en la periferia de la ciudad: las pequeñas extorsiones, las fechorías de los vagos, la impunidad sin reflectores alejada de los grandes cárteles y el poder del narcotráfico.

De pronto, advertimos que las pesquisas que se desarrollan en la mente de Zuzunaga se dirigen a su conciencia y no al ámbito de su investigación. Cuando se tienen cadáveres a cuestas puedes desaparecer cuerpos y borrar huellas, pero ¿cómo te deshaces del espectro de tu víctima? ¿Cómo olvidar las palabras que dedicaste antes de jalar el gatillo?

Lo mejor del relato es la forma pulida por Gudiño. La prosa ágil y fragmentada del texto recuerda el estilo telegráfico del consagrado James Ellroy. Las frases son balazos. Los párrafos, cápsulas. Lenguaje y estructura recrean con éxito la mente ordenada de un buen investigador. El código ideado por Gudiño es notable.

No hay algo memorable en Cipriano Zuzunaga, policía judicial. Poco se puede innovar en torno al personaje central de una novela negra: solitario, incomprendido, venido a menos y poseedor de una postura siempre ambivalente con la legalidad. Quizá por ello Gudiño sugiere que los protagonistas no son los detectives sino los muertos.

 

Alejandro Orozco y Villa
Consultor.