Desde hace años, muchos antes de la trágica muerte de José Emilio Pacheco (el 27 de enero del 2014), se rumorea, se cavila, se comenta el secreto a voces: la publicación íntegra de la columna “Inventario” (1973-2014) es justa y necesaria y está en camino. Pero ¿quién se atrevería a recopilar las centenares de artículos? ¿Qué ocioso recorrería hemerotecas y archivos en busca del diamante en bruto? El desaliento a la vuelta de la esquina. “Fulanito ya los tiene todos empolvados y olvidados”. “Sultanito los lleva coleccionando desde los años setenta y nadie los quiere”. O aun, como escribía Monsiváis emulando al mismo JEP: “Debo reescribirlo/ Así como está es imposible/ Se ha descubierto muchísimo desde que escribí aquel artículo/ ¿A quién le puede interesar?”. Tan poco interesante como una de las mejores páginas del periodismo cultural mexicano; despliegue de creación y erudición, actualidad lúdica y formativa, vaivén del poema a la noticia, del cuento a la traducción, de la biografía literaria a la más concentrada narración histórica, de la crónica al ensayo. Al igual que sus famosas “Aproximaciones” (también, tan bien, llamadas versiones, traiducciones o adaptraiciones) publicadas en una sola edición extinta de 1984 (editorial Penélope) y aún no compiladas, el clamor popular exige la aparición (ya de ya) de los “inventarios” en libro, accesibles de un tirón, reunidos a como dé lugar.

pacheco

Pues ¡eureka! (o si prefieren: ¡extra, extra!) el “Inventario” ya está publicado. Sí, me refiero a editado, revisado, corregido y empastado como un libro. Bueno, varios librotes. Desde finales del 2015 (según fuentes secretas), el acervo de la biblioteca “Daniel Cosío Villegas” de su Colegio de México ha ganado una perla que brilla en los subterráneos estantes de la “Colección Especial”: ocho volúmenes, en tapa dura azul marino bien oscuro, papel ahuesado fino, con los artículos en orden cronológico. La edición no venal que consta de un solo ejemplar pertenece a la institución. Cada tomo, de unas  setecientas cincuenta páginas, reúne entre dos a tres años de “inventarios” –para los periodos más constantes– y hasta doce años – para la última etapa (2002-2014).

No es labor menor de sus compiladores, correctores y coordinadores el haber reagrupado las 153 entregas que hizo Pacheco, sin firmarlas, al Diorama (suplemento del mítico Excélsior de Scherer) y las 772 que hizo para Proceso, a partir de 1976, con el sello “JEP”, perdiendo sin quererlo su carácter anónimo. A primeras vistas, dirán con toda razón, son volúmenes inaccesibles, resguardados celosamente por el más oscuro secreto (cuántos ignorábamos la presencia del tesoro en la bóveda). Y así lo cuenta su presentación: “Estamos seguros que esta edición no venal será un material invaluable para la comunidad del COLMEX y para  todo aquel que esté interesado en adentrarse en este filón de la obra de Pacheco con fines de investigación, como tema de tesis o por el simple placer de leerla”. El “Inventario” siempre fue un servicio al lector común y cotidiano respetando, claro está, el rigor académico, la investigación que respeta sus fuentes al igual que el poeta respeta los versos de su propia memoria y a los autores que lo observan escribir, consciente de esa reciprocidad fundadora:

Al doctor Harold Bloom lamento decirle
que repudio lo que él llamó « la ansiedad de influencias ».
Yo no quiero matar a López Velarde ni a Gorostiza ni a Paz ni a Sabines.
Por el contrario,
no podría escribir ni sabría qué hacer
en el caso imposible de que no existieran

Zozobra, Muerte sin fin, Piedra de sol, Recuento de poemas.

Por más absurda que parezca, la edición escondida de la Cosío Villegas –sólo pueden acceder a ella investigadores, profesores, estudiantes de la casa o lectores externos con buena carta de presentación–, es una señal esperanzadora. No podría existir una edición no venal tan cuidada si la versión comercial no estuviera ya en el horno. Es de lamentar, si acaso, que la publicación actual no tenga un índice paginado ni un índice onomástico para recalcar el carácter de asombrosa enciclopedia del Inventario. A su vez, el orden cronológico puede desorientar al lector en un mar de géneros.

De cualquier manera ahí está, recopilado y empastado el Inventario; así, en cursivas como una obra abierta (no en el sentido de Eco), horizontal como un rizoma y un verso, democrática y concienzuda como un poeta-periodista en busca del anonimato y del registro conversacional diario de la belleza fugitiva, de la utopía, tan tangible a veces, donde la literatura es la más solitaria y la más colectiva de todas las artes, simple y sencillo lugar de encuentro con la experiencia ajena.

José Emilio Pacheco, Inventario (1973-2014), ocho volúmenes, Colegio de México, 2015.
• Coordinación general: Ulises Martínez Flores y María del Rayo González Vázquez.
• Trabajo hemerográfico: Sandra Lorena Ramírez, Illari Aldrete, Israel Urióstegui, Sandra Luna, Olivia García Zepeda y Georgina González Vázquez.

 

Álvaro Ruiz Rodilla
Doctor en Letras Hispanoamericanas por la Universidad de Toulouse y la Universidad de Sevilla.

 

 

Un comentario en “Los “Inventarios” de JEP en libro(s)

  1. Excelente noticia. Se podría sugerir que se hiciera un “Índice de autores” y un “Índice de temas” para poder llegar, con mayor facilidad, al autor o al tema que uno/a busque, en el maravilloso bosque de la obra de JEP. Y que se digitalizara. Yo cuento, por ejemplo, con un CD que contiene los 26 tomos de la obra de Alfonso Reyes.
    ¿No sería extraordinario que se pudiera acceder el acervo del Diorama de la Cultura o los cientos de Inventarios en línea, desde la computadora, desde el I-Pad, o incluso un App? La biblioteca Bancroft, de la Universidad de Berkeley, te permite acceso a un sinnúmero de libros, revistas y documentos de esa manera. Es un deleite. Saludos y gracias por las buenas nuevas.