Son tiempos interesantes para voltear a ver a las radios comunitarias indígenas. A pesar de sus esfuerzos y de décadas de labor cotidiana, éstas siguen lidiando con estructuras que las mantienen relegadas e impotentes frente al resto de los medios de comunicación. La carta que publicaron un grupo de individuos y asociaciones civiles a propósito de una protesta en contra del artículo 89 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, es un buen ejemplo de ello. Cabinas que tratan de informar y darle lugar a múltiples voces, como el caso de La Tlaxiaqueña y los sucesos en Nochixtlán, no sólo están olvidadas, sino que son perseguidas. La autora de este texto recupera la historia de la radio ayuujk Jënpoj en Oaxaca, que lleva 15 años reportando para las comunidades mixes y zapotecas lo que nadie más ve.

Rubén y Ranulfo miran hacia la cancha de basquetbol. Se acomodan los audífonos y prueban sus micrófonos mientras las gradas del Polideportivo Benito Juárez se llenan poco a poco. Detrás de ellos, Sócrates y Gabriel ajustan los controles de la consola y desenredan los cables que conectan a una computadora portátil: maniobran con destreza para alcanzar el volumen adecuado y conectarse al dominio de Internet donde transmitirán por streaming  el evento deportivo más importante de la Sierra Mixe y la Sierra Zapoteca: la Copa Benito Juárez.

Los integrantes de la Radio Comunitaria Ayuujk Jënpoj salieron de Santa María Tlahuitoltepec en la madrugada con la mitad de la cabina en la cajuela de una pick-up para emprender el zigzagueante recorrido que los lleva hasta Guelatao, en la vecina Sierra Juárez al sureste del estado de Oaxaca. Como cada año, el colectivo de la radio se prepara para adecuar un espacio y narrar a sus radioescuchas la final del torneo de basquetbol que celebra el Natalicio de Benito Juárez desde 1997. El día del año en que equipos mixes, zapotecos y chinantecos compiten para regresar a su comunidad con el trofeo más emblemático de la región.  

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Fotografías: María Alvarez Malvido

Comienzan los partidos y las gradas se llenan de un público tan diverso como los jugadores: el balón pasa por manos originarias de Macuiltianguis, Tamazulapam, Ixtlán,  Compaltepec, Ayutla, La Trinidad, Tlahuitoltepec, y más equipos que han logrado su camino hasta a la gran final. Entre el público me comentan que el equipo de niños triquis acudieron el año anterior como invitados especiales, aquellos jugadores que triunfaron descalzos en Argentina hace tres años, y que en julio regresaron campeones de la Copa Barcelona de Basquetbol 2016.1 El pueblo natal de Benito Juárez se llena de matracas y gritos que con emoción apoyan a los equipos varoniles y femeniles en zapoteco, mixe, chinanteco y español, desde los niños de primaria hasta los veteranos que dejan el corazón en la cancha.

A un lado de la radio Jënpoj se prepara la radio comunitaria Dizha Kieru . Uno de los locutores lleva su nombre bordado en el chaleco y el otro una camisa con el logo de “Talea GSM. Porque una comunicación alternativa es posible”. Se trata de la comunidad zapoteca de Villa Talea de Castro, misma que estableció su propio sistema de telefonía celular en 2013 luego de que las grandes compañías telefónicas del país se negaran a llevar sus servicios a este pueblo escondido entre las montañas de Oaxaca. El sistema se llama Red Celular de Talea, lograda con el apoyo de la organización civil Rhizomatica, que ofrece servicio a 2 mil 500 habitantes, mayoritariamente indígenas de origen zapoteco.

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Del otro lado de la cancha, la radio indigenista local “XEGLO La Voz de la Sierra Juárez” transmite en zapoteco, mixe y chinanteco. Se trata de un medio instalado en 1990 por el Instituto Nacional Indigenista (INI), ahora Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), que se extiende con 10,000 watts de potencia y alcanza a diversas poblaciones de las regiones más cercanas. Esta radio indigenista comparte el espacio radiofónico de Guelatao con la radio comunitaria Estéreo Comunal 94.1FM, instalada en el 2000 con 100 watts de potencia desde un cuarto de la Fundación Comunalidad, a unos pasos del monumento a Benito Juárez.  “Transmitimos ocho horas al día, lo malo es que no tenemos recursos ni para cubrir eventos de aquí de Guelatao” me cuenta “Buba”, conductor del programa de música grupera de 2pm a 4pm, sentado en la pequeña cabina de radio frente a una computadora y un par de micrófonos. Estéreo Comunal no cuenta con el equipo necesario para transmitir el evento que se escucha a unas cuadras de su cabina, pero sí cuenta con la libertad de elegir el contenido que transmite, sin guiones o formatos que provengan de instituciones gubernamentales.

En la Copa Juárez se encuentran diferentes equipos de basquetbol, pero también algunas de tantas radios comunitarias de la región que buscan transmitir la final del emblemático evento deportivo. Algunos medios comerciales llegan desde temprano a Guelatao para dar cobertura a la manifestación magisterial que se encamina con dirección a Oaxaca de Juárez: lentes y micrófonos que no alcanzan a ver el evento deportivo y cultural que se celebra en la tierra de Benito Juárez, a unos metros de las movilizaciones políticas y sociales a las que dan cobertura.

Las radios indígenas han llevado la defensa de la tierra a las ondas hertzianas que viajan por el aire, defienden desde la voz el espectro radiofónico como un espacio para la diversidad lingüística, la libertad de expresión, el ejercicio de la ciudadanía y la posibilidad crear y producir proyectos de comunicación comunitaria alternativos a los medios comerciales y Estatales que predominan en el país. Resisten ante una historia de decomisos violentos, de represión y amenazas que reciben los comunicadores indígenas en distintos lugares del país y a las campañas que las criminalizan y estigmatizan como aquella que emprendió el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) a comienzos de este año con el mensaje “Se busca por robo”.  Frente a esta historia de obstáculos que comienzan por el marco legal que regula a los medios de comunicación en el país, algunas radios deciden responder a las reformas establecidas por el Estado como órgano regulador del espectro radioeléctrico y emprenden el trámite para obtener una concesión, otras deciden hacer uso  libre del espectro con el riesgo de ser clausuradas —o decomisadas— en cualquier momento.

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El  problema no es que el Estado administre el espectro —como se hace en todo el mundo debido a que se trata de un bien finito— sino cómo lo administra: en lugar de promover la participación ciudadana y la diversidad cultural en los medios de comunicación, la Ley de Telecomunicaciones ha discriminado de manera estructural a las iniciativas de comunicación operadas por la sociedad civil, los proyectos comunitarios y las poblaciones indígenas. Privilegia desde 1960 a los medios comerciales y Estatales, en donde la información se ha convertido en sinónimo de mercancía o poder político, no de libertad de expresión, de derecho al acceso de información o de la voz ciudadana.

Hasta el año 2013, antes de la Reforma Constitucional de la Ley de Telecomunicaciones (#LeyTelecom), las radios comunitarias que quisieran obtener un espacio en el espectro radiofónico lo hacían tramitando la frecuencia como permisionarias las cuales incluían también a las radios públicas, culturales, educativas y experimentales (sin fines de lucro). En junio del año 2013 fue promulgada la reforma en la que se reconoció por primera vez el derecho de la ciudadanía a operar sus propios medios de comunicación a través del otorgamiento de concesiones “de tipo social”, categoría que contiene un apartado particular para los medios comunitarios e indígenas.

Sentado dentro de la cabina de la radio Jënpoj, uno de los coordinadores y primeros comunicadores  de la emisora, Sócrates Vázquez,  cuenta que “había quienes querían que se quedara el reconocimiento de uso social, pero nosotros como comunicadores indígenas anduvimos en la cámara del Senado y en la tribuna para exigir que se reconozcan los medios comunitarios y los medios indígenas. Ese es un avance: no existíamos antes. Pero realmente nos quedamos igual, el logro fue exigirle al Estado que reconociera. Con muchas trabas logramos ese avance”.

Hoy, el Artículo 28 de la Constitución reconoce cuatro tipos de concesiones para el servicio de radiodifusión: comercial, público, privado y social. La nueva categoría de las radios comunitarias e indígenas dentro del “tipo social” fue un avance legal en términos de reconocimiento y en otros puntos, como la asistencia técnica que tiene que dar el IFT a este tipo de radios. Sin embargo, no cambiaron los criterios discriminatorios para el acceso a las frecuencias y las posibilidades de sostenibilidad económica de las radios comunitarias e indígenas. Algunas de las razones que expone la Asociación Mundial de Radios Comunitarias AMARC en su Segundo informe sobre la situación de la radiodifusión comunitaria en México (2014) son:

– Se les niega la posibilidad de vender publicidad comercial ya que “son emisoras sin fines de lucro” (este apartado no considera que existen necesidades de sostenibilidad económica, diferentes al lucro,  en los medios comunitarios).

– Se les asigna el 1% de la publicidad oficial, un porcentaje discriminatorio en relación a los otros medios (la única vía de financiamiento que les permite el Estado, una violación indirecta a la libertad de expresión).

– Se reserva el 10% de la banda de radiodifusión sonora de FM a las radios comunitarias e indígenas, porcentaje que se concesiona en la parte más alta de la banda, es decir, al final (una restricción que no puede ser cumplida en lugares el país donde la frecuencia ya está saturada, como en la Ciudad de México).

El pasado mes de julio, la radio Jënpoj transitó de permisionaria a concesionaria y obtuvo, junto con Cholollan Radio de Puebla, la primera concesión de uso social indígena otorgado por el IFT en la historia de la radiodifusión en México. Es la primera emisora indígena en el país que obtiene la concesión a nombre de su comunidad —reconocida como sujeto de derecho— y que puede prescindir de una figura legal (A.C). La radio está de fiesta, pues este mes de agosto cumplió 15 años comunicando desde las montañas de la Sierra Mixe, continúa un camino que sigue recorriendo gracias al trabajo colectivo, al compromiso comunitario, al apoyo del cabildo y de diferentes organismos y redes nacionales e internacionales que han acompañado esta experiencia desde distintos frentes.  

Son quince años de creatividad y resistencia, de hacer del micrófono un medio para la tradición oral ayuujk (o mixe, en español), para los sones, para las noticias locales, el diálogo y las historias que transitan con las nubes bajo el Cempoaltépetl ; de coberturas de fiestas patronales, conciertos y eventos deportivos como la Copa Juárez. Una historia que demuestra las dificultades a las que se enfrentan las radios comunitarias indígenas y lo lejos que está de su realidad el marco legal que regula —y criminaliza— las iniciativas de radiodifusión en el país cuando difieren del modelo comercial predominante.

La cabina de la radio Jënpoj se encuentra en el centro de la cabecera municipal de Tlahuitoltepec: dos cuartos en el primer piso del edificio que está justo enfrente del Palacio Municipal, separados por un par de canchas de basquetbol que los sábados de mercado se visten de lonas de colores, otros días de asambleas comunitarias, de pistas de baile durante las fiestas patronales y en ocasiones de escenarios para las bandas filarmónicas que se presentan  en  los “Domingos de concierto”.

En el techo se asoma una antena de 1000 watts de potencia acompañadas por el plato satelital que la radio instaló en 2005 con apoyo de la comunidad para poder transmitir a través de una página de Internet2 y alcanzar a los radioescuchas que viven más allá de la sierra y pueden sintonizar desde cualquier lugar con acceso a Internet. Jënpoj recibe mensajes con saludos y complacencias a través de su página web, de Facebook, TuneIn,y mensajes SMS, palabras que llegan desde lugares como Los Angeles, Nueva York, Nueva Jersey, Washington, Wisconsin, Pensilvania, Mexicali, Guanajuato y Ciudad de México, entre otros. Jënpoj es un medio local que responde a la realidad transnacional de la comunidad:  ofrece  un medio de comunicación ayuujk para quienes viven dentro de la comunidad territorial, pero también para la comunidad que crece inmersa en un contexto de migración y globalización. Es un medio que reduce las distancias geográficas de la comunidad  a través de la voz y la música. En palabras de Rubén Martínez, uno de “Los Rubenes” que realizaron las primeras transmisiones: “la radio es un medio para expresar mi filosofía, mi sentir y mi vida, así lo ocupamos nosotros. Que nos escuchen a través de Internet los paisanos que están allá, es ese sentido de apropiación que fortalece la identidad y sobre todo la lengua, como motor principal de la vida y de la misma radio”,

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La cabina no es muy visible, pero todos en Tlahui saben que es ahí donde se transmite la radio comunitaria Jënpoj en la 107.9 FM. La entrada, con las puertas siempre abiertas, está decorada con un mural de colores del cual sobresale la imagen de un músico tocando la tuba —de tamaño natural—, realizado con esténcilyaerosol por un joven artista de Tlahuitoltepec. En la ventana se observa la Sierra Mixe y se cuelan las melodías de las diferentes bandas filarmónicas de la escuela municipal que ensayan todas las tardes en el piso de abajo. Al centro hay una mesa con seis micrófonos, dos computadoras y un sinfín de cables que parten de distintas consolas y atraviesan al segundo cuarto, donde se encuentran los controles y la computadora con la barra programática.

El Comité de Defensa de los Recursos Naturales, Humanos y Culturales Mixes (CODREMI), conformado en 1979, fue la base para la futura creación de la radio, pues consideraba a un medio de comunicación ayuujk como uno de los objetivos dentro del Plan de Desarrollo Comunal. El proceso de la radio inicia en 1983 con la idea de utilizar la tecnología de los medios de comunicación. “Entonces se replantea el uso de los medios de comunicación para el fortalecimiento de la vida comunitaria. En el contexto ayuujk, nuestra relación con el Estado siempre ha sido de respeto, así habían sido los procesos. Cuando hay alternativas y propuestas, la autoridad municipal y agraria —porque Oaxaca es uno de los estados en donde los municipios se rigen por usos y costumbres— comienza la gestión, como en este caso, en que habían comenzado con el proyecto de comunicación y la primer respuesta que obtuvimos de la SCT fue que harían todo lo posible para poner una repetidora de TV Azteca en la comunidad. Ese era el imaginario y el referente de lo que necesitábamos: ver las telenovelas”, cuenta Sócrates durante el 1er Seminario Nacional Medios de comunicación indígenas y comunitarios en la UNAM.

Ante las respuestas del Estado, alejadas del contexto cultural de la comunidad ayuujk y del proyecto de un medio de comunicación comunitaria, en Tlahui comenzaron las gestiones para desarrollar proyectos de comunicación realizados desde la comunidad. En la década de los noventa ya se contaba con un Centro de Producción Radiofónica (CPR) que se encontraba en el Centro de Capacitación musical y desarrollo de la Cultura Mixe (CECAM) donde Odilón Vargas —quien participa hasta la fecha— transmitía con 1 watt de potencia, invitando a otros jóvenes a unirse al proyecto. Posteriormente en el Bachillerato Integral Comunitario Ayuujk Polivalente (BICAP), dos jóvenes conocidos como “Los Rubenes”, comenzaron a grabar programas en mixe que enviaban a la radio indigenista de la CDI “La Voz de la Sierra”, para que fueran transmitidos en Guelatao. También se buscó el desarrollo de un canal de TV local pero resultó aún más complicado que la gestión de una radio comunitaria.

Estas iniciativas de medios comunitarios sentaron las bases y las inquietudes para que en el 2001 un grupo de jóvenes conocidos como los chapingueros (originarios de Tlahuitoltepec que estudiaban en la Universidad de Chapingo), en colaboración con un grupo de estudiantes que formaban parte de la K-Huelga —radio de la huelga de la UNAM de 1999—, realizaran durante las vacaciones de verano un primer transmisor casero que transmitiría con 200 watts de potencia durante un año.

La radio recibe entonces el nombre de Jënpoj, palabra compuesta por dos palabras: jëën que significa "fuego" y poj, que significa "viento”. “Fuego se conceptualiza en el sentido trascendental y no literalmente, fuego que es toda la tecnología que ha inventado la humanidad para transmitir su voz, que funciona con energía eléctrica y otras energías que dan movimiento a las máquinas. Y donde viento no es solamente aquel que se respira, sino también viento que se escucha, se oye, se sintoniza, viento que transporta palabras, voces, ideas, música, pensares, sentires, etc. El viento, además de fuente de vida, como puente de comunicación”, cuenta Floriberto Vázquez, quien participó desde los comienzos de la radio, en su tesis Radio JënPoj 107.9FM: Experiencia de radiodifusión comunitaria en Tlahuitoltepec Mixe, Oaxaca, México (2009).

Esta tercera generación de jóvenes transmitió durante un año desde el aparato que se construyó en colaboración con estudiantes de la UNAM. Todos los fines de semana de 6am a 6pm en una casa que les prestó una familia, una grabadora y una consola con un micrófono congregaban a distintas voces que se interesaron en participar. Se pasaba música, desde rock, punk y rancheras, hasta música de protesta como José de Molina, Víctor Jara y Carlos Puebla. La tarde se dedicaba a los sones mixes.

Desde su casa en Tlahui, Floriberto Vázquez recuerda sonriente los primeros días de la radio: “Anunciaron por el altavoz del municipio ‘Vamos a probar en este día la radio, está en tal estación y a ver si lo sintonizan’. Y fue al siguiente día que me incorporé, ya con la transmisión.  Yo tampoco tenía idea de la radio, creo que nadie la tenía. El referente más próximo que uno tiene son las radios que se escuchaban por acá, después uno descubre que son comerciales y que son de Veracruz”.

Pronto la Autoridad Municipal otorgó a la radio un pequeño cuarto frente al Palacio Municipal para transmitir desde ahí. La nueva cabina al centro de la comunidad permitió a la gente acercarse, conocerla y participar colectivamente; con sorpresa de escuchar la lengua ayuujk en aquel aparato que antes sólo transmitía las frecuencias en español que se colaban por el aire desde Veracruz. La participación y el apoyo de la autoridad desde los primeros pasos de la radio establecieron una relación legítima del proyecto radiofónico con la comunidad.

El 7 de agosto de 2002, la Dirección General de Sistemas de Radio y Televisión de la SCT, mandató a su delegación en Oaxaca a cerrar la emisora con la intervención la policía Preventiva y la Policía Ministerial. “Se introdujeron de manera violenta en la radiodifusora que operaba en la Casa comunal, espacio común de la comunidad. Los inspectores de la SCT incautaron el equipo de la radio, un pequeño transmisor, una grabadora para discos compactos, un walkman, un micrófono, diferentes casetes y discos compactos, no sin antes amenazar con encarcelar a la gente. El aseguramiento se basó en la denuncia presentada por un miembro del Ejército Mexicano (…) que denunciaba la existencia de emisoras “clandestinas” entre las que estaba la emisora de Santa María Tlahuitoltepec” (Calleja y Solís, 2005)

El decomiso de una radio comunitaria —tanto indígena como no indígena— no solo violenta el derecho a la libertad de expresión como un Derecho Humano fundamental, sino también el derecho a la información y a la comunicación como público receptor, “la relación dialógica entre quien emite el mensaje y quien lo recibe, una relación que permite que los receptores también sean generadores de mensajes y productores de comunicación” (AMARC, 2014). En el caso de los comunicadores indígenas, esto representa una violación a un derecho establecido en el Artículo 2 de la Constitución Mexicana en donde se reconoce y garantiza “preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constituyen su cultura e identidad” especificado en el inciso B, fracción VI mandata de la Federación, los estados y municipios a “establecer condiciones para que los pueblos y las comunidades indígenas puedan adquirir, operar y administrar medios de comunicación en los términos que las leyes de la materia determinen ” (además de otros documentos internacionales firmados por el Estado mexicano, como el Artículo 16 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas).

El cierre de la emisora se convirtió en un capítulo central de la historia de esta radio comunitaria y dio voz a muchas radios más; incluso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos como un caso en materia de libertad de expresión. Cuenta Rubén Martínez, locutor del noticiero vespertino desde hace 7 años: “Se mundializó esta parte de la libre expresión, sobre todo el derecho de los pueblos indígenas a operar los medios. De eso nos dimos cuenta en el proceso: pensábamos que estábamos libres, pero en realidad no. Entonces operar una radio era bastante difícil: técnicamente es fácil, legalmente es difícil, y esa ha sido siempre la cuestión”.

A partir de este momento, tanto el colectivo de la radio como su público, al igual que otras radios comunitarias durante el mismo año, se encontraron con la regulación de un marco legal de telecomunicaciones que entiende como delito transmitir en frecuencia radiofónica sin permiso, y que se permite la facultad de decomisar equipos, sin previa multa o advertencia. También se encontraron con la AMARC. “Desde que comenzamos era normal decir ‘radio comunitaria’ porque hay servicio comunitario, hay fiestas comunitarias, la tierra es comunal, hay muchas actividades que son comunitarias (el tequio, por ejemplo) y entonces era parte de esas actividades. Nosotros nos dimos cuenta después, cuando nos quitan el equipo y llega la policía y encontramos un movimiento de radios comunitarias a nivel mundial que es AMARC”, recuerda Sócrates al final del noticiero matutino que trasmite todos los días a las 7am.

El decomiso generó una reacción a nivel comunitario que reflejó el interés común por tener un medio de comunicación en ayuujk con contenido local. Se convocó una asamblea comunitaria donde se plantearon dos alternativas: solicitar el permiso a la SCT o continuar sin él. Recuerda Floriberto Vázquez: “Y fue ahí, cuando nos dijeron ‘es que ustedes están violando la ley general de no se qué y es pirata’. Nosotros estábamos haciendo medios en la comunidad, hablando nuestra lengua y poniendo música de cualquier género. Al menos yo ni siquiera sabía que había una ley y que el Estado era el propietario del espacio radiofónico, del espectro radioeléctrico y dices ‘¿Qué palabras son esas?’”.

Al interior de la comunidad la decisión fue proceder con el permiso. El trámite que duró 3 años con asesoría de AMARC. Desde entonces cada año se realiza una reunión entre el nuevo cabildo y los integrantes de Jënpoj para presentar el proyecto anual y confirmar el apoyo que la autoridad otorga desde entonces para pagar la luz y el sueldo de un técnico que esté de planta en la cabina, además de brindar el espacio de la emisora, también en la Casa Comunal. En palabras de Sócrates  “el permiso fue una decisión, no teníamos espacio ni registro y la asamblea dijo ´busquen las maneras´ fue a través de una A.C que se pudo lograr, porque no existíamos en la ley Estatal. Es un debate pendiente, porque tenemos que obedecer algunas condiciones, como pasar spots de partidos políticos, que no tenemos en la comunidad”.

El 6 de diciembre de 2004, el gobierno federal otorgó finalmente el permiso a la radio, y con apoyo de la CDI se reequipó la nueva cabina con un transmisor de 1000 watts. Desde entonces, la radio Jënpoj tiene el derecho a transmitir en la frecuencia 107.9FM, y debe ajustarse a una serie de condiciones de la Ley Federal de Telecomunicaciones. La obligación de transmitir 24 horas al día implicó una reestructuración en el funcionamiento de la radio, exigiendo una programación más amplia y mayor compromiso de los participantes. Se optó por contar con un técnico que trabajara con horario fijo y un sueldo cubierto por la autoridad comunal que atiende la radio ocho horas al día y facilita el funcionamiento de la programación. 

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Andrés y Esmeralda, conduciendo la hora infantil de Radio Jënpoj.

Desde que comenzó, la radio Jënpoj transmite a partir de un compromiso comunitario, buscando sus propios medios y herramientas para continuar transmitiendo de manera autogestiva. En 2005, se consiguió un plato satelital con apoyo de la comunidad. En 2006, se formó el colectivo de mujeres y desde entonces se encarga de la programación del fin de semana, generando un controvertido reconocimiento dentro de la comunidad y un espacio para su voz y participación en el medio de comunicación comunitario, donde abordan temas de género,  derechos de las mujeres, medio ambiente y una variada programación musical que se decide en colectivo. En 2013, Santa María Tlahuitoltepec fue la sede para la Cumbre Intercontinental de Comunicación Indígena, donde recibió con talleres y celebraciones el diálogo de diversos medios comunitarios de México y América Latina.

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Alumnos de UNICEM en diálogo con las Regidoras de Salud y Educación como invitadas, en el marco de su proyecto radiofónico universitario.

Dentro de la programación también se creó una hora infantil, donde los niños que quieren participar en la radio aprenden a manejar la programación y los controles para transmitir cuentos en español y en ayuujk, así como fábulas y canciones infantiles. Las escuelas, desde primaria hasta el BICAP (Bachillerato Integral Comunitario Ayuujk Polivalente) y la UNICEM (Universidad Comunal Intercultural del Cempoaltépetl), se ha articulan con la radio a través de tareas y proyectos de producción de programas o cápsulas, así como la posibilidad de realizar el servicio social en la cabina. Como cuenta Agriselda Martínez, coordinadora del área de mujeres en 2015, “es un proyecto enorme, que parece muy chiquito”, y es que la cabina de la radio Jënpoj contiene en pocos metros cuadrados, la historia de un medio de comunicación comunitario. No ha sido un camino fácil, tampoco armónico como tiende a idealizarse la comunidad y “lo comunitario”, ha sido un camino dinámico y de contienda, de pruebas, errores y de aprendizaje colectivo.

Mientras los locutores narran la final desde Guelatao, Estela permanece atenta dentro de la cabina de Tlahuitoltepec. Es una joven mixe de 25 años que es parte del colectivo de mujeres Jënpoj y se encarga de recibir la transmisión a través de un dominio de Internet y retransmitirlo por las ondas FM que alcanzan los radios de la comunidad. El público aumenta de un promedio de 4 a 40 ciber-radioescuchas que viven la emoción del partido y envían mensajes a través de diferentes lugares del mundo, desde los que se conectan a Internet para escuchar la transmisión de una comunidad que defiende su derecho a operar un medio de comunicación comunitario en la parte alta de la Sierra Mixe.

“Las estaciones sin concesión nos afectan a todos”, dicta la campaña del IFT que busca a las radios sin concesión como ladronas de una película de vaqueros. ¿Y no nos afectan los intereses políticos y económicos que hacen del espectro radiofónico un espacio de censura y campañas electorales? ¿O será que conocen muy bien el poder de los medios de comunicación y prefieren distanciarlos de adjetivos como “comunitario” “autogestivo” o “independiente”?  

Frente a esta campaña, surge la campaña afirmativa Otros medios, otros mundos. Nuestros medios, nuestros mundos que impulsaron durante el mes de mayo diferentes medios comunitarios e indígenas y organizaciones comunitarias de todo el país para difundir la labor de este tipo de medios. Se sumaron diferentes organizaciones y colectivos de la sociedad civil con el uso del hashtag #ComunicarEs, que produjeron  material audiovisual, con el fin de difundirlo y compartir los significados de la comunicación desde una perspectiva diferente a la que vemos y escuchamos comúnmente en los medios: una perspectiva comunitaria, indígena y ciudadana.

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Las organizaciones del Grupo de Incidencia en Políticas Públicas para los Medios de Comunicación Comunitarios e Indígenas (GIPPMCCI) solicitaron una reunión con el Pleno del IFT el pasado 26 de mayo y plantearon los temas urgentes para avanzar hacia una administración del espectro radioeléctrico basada en principios de diversidad, equidad y pertinencia cultural. “Para ello, entre otras exigencias, estuvo facilitar el trámite de concesiones comunitarias e indígenas respetando los derechos colectivos de los pueblos indígenas que deben poder ser igualmente ejercidos en el uso del espectro. También se recordó la obligación pendiente de emitir los lineamientos sobre pluralidad recordando que deben garantizar la incorporación de contenidos indígenas y en lenguas indígenas para concesionarios comerciales y públicos”.3

La campaña generó acciones de diálogo y visibilización que difunden en la inmensidad de Internet las exigencias para avanzar hacia un marco legal donde quepa la diversidad cultural en los medios de comunicación. Entre las imágenes de la campaña, aquella diseñada por Radio Erandí de Michoacán menciona que “en México solo existen 20 radiodifusores comunitarias e indígenas con permiso del Estado, el 80% de las estaciones comerciales están en manos de consorcios propiedad de 13 familias”. Estas cifras deberán cambiar en un país que se reconoce como pluricultural desde 1992 y que hoy reconoce a las radios comunitarias e indígenas en su espectro radiofónico.

Los micrófonos, las ondas radiofónicas y el Internet se articulan como  herramientas de comunicación para muchas comunidades y organizaciones de la sociedad civil. Hoy se defiende el aire como se ha defendido la Tierra por tanto tiempo, y el encuentro entre la comunidad y la radio continúa su viaje desde diferentes emisoras cargado de saberes, de tequio, de sones, historias, lenguas y transita por el aire que las comunidades han recuperado como un espacio para la voz y la identidad.

 

Bibliografía

Asociación Mundial de Radios Comunitarias México A.C y Red de Radios Comunitarias de México (2014) Segundo informe sobre la situación de la radiodifusión comunitaria en México. Freedom House: México.

Asociación Mundial de Radios Comunitarias México A.C y Red de Radios Comunitarias de México (2014) Manual para comunicadores/as comunitarios/as. Para entender las reformas legislativas en derechos humanos-protección y telecomunicaciones, Freedom House: México.

Calleja, Aleida y Solís, Beatríz (2007) Con Permiso. La radio comunitaria en México. AMARC/AMEDI: México.

TESIS. Vázquez Martínez, Floriberto (2009) “Radio JënPoj 107.9FM: Experiencia de radiodifusión comunitaria en Tlahuitoltepec Mixe, Oaxaca, México” Tesis de Licenciatura en Sociología de la Universidad Veracruzana.


1 http://bit.ly/2cOcmaI

2 http://bit.ly/2c3IWIm

3 http://bit.ly/2ci7pqF